Abstención, sorpresa, desencanto: tres interpretaciones de las elecciones en Colombia

Al lunes 26 de mayo, las elecciones presidenciales en Colombia registraban un abstencionismo cercano al 60%. (Foto: delaurbe.udea.edu.co)Una abstención del 60%, el sorprendente triunfo

Al lunes 26 de mayo, las elecciones presidenciales en Colombia registraban un abstencionismo cercano al 60%. (Foto: delaurbe.udea.edu.co)

Una abstención del 60%, el sorprendente triunfo del “uribismo” y su candidato, Óscar Iván Zuluaga, y la idea de que en Colombia “las elecciones nunca han decidido nada” surgen de los análisis de las elecciones del pasado domingo 25 de mayo, en la que los colombianos acudieron a las urnas para elegir un nuevo Presidente de la República.

Zuluaga, candidato relativamente desconocido hasta hace unos meses, se impuso en el primer turno al presidente Juan Manuel Santos por casi 460 000 votos: 3 759 784 (29,3%) contra 3 300 020 (25,7%), insuficientes, en todo caso, para triunfar en la primera vuelta. La segunda será entre los dos, dentro de dos semanas, el próximo domingo 15 de junio.

Detrás de Zuluaga, la figura del expresidente Álvaro Uribe −ahora senador electo− mueve los hilos hasta llegar al “servilismo”, según los más críticos del expresidente, como Antonio Caballero.

Caballero escribió en la revista Semana: “A tal punto de servilismo ha llegado Zuluaga, que no solo incluye la imagen de su jefe en sus afiches electorales, sino que copia su postura corporal para las fotografías poniéndose la mano rígida sobre el corazón. Y copia también, naturalmente, su programa de los tres huevitos y promete un retorno al negro pasado de los dos cuatrienios uribistas, los más corruptos que ha conocido Colombia y también, sin duda, los más moralmente corruptores de nuestra historia”.

ABSTENCIONISMO Y OTROS PARTIDOS

De nuevo, repitiendo lo ocurrido en las elecciones parlamentarias de marzo pasado, el abstencionismo superó el 60% –como promedio en todo el país–, y alcanzó cifras aún mayores en algunas ciudades, como Cali.

Este fenómeno ya había sido destacado por el periodista uruguayo Raúl Zibechi, frecuente analista de temas latinoamericanos. En vísperas de estos comicios, recordó los resultados de marzo: “La abstención siempre ganó en Colombia. Pero ahora se manifiesta de forma masiva en las grandes ciudades y toma dos direcciones: la baja participación −menor a la mitad de los habilitados− y el voto en blanco, que viene creciendo de forma sostenida”.

Zibechi recordaba que en las elecciones legislativas pasadas, 1,5 millones de personas votaron en blanco. En Bogotá, la abstención alcanzó el 65% y el voto en blanco el 10%. En Medellín, la segunda ciudad del país, sólo llegó a las urnas el 41% de los electores, de los cuales el 7% sufragó en blanco. En Cali, “la abstención batió todos los registros alcanzando el 67,7%, siendo el voto en blanco del 7%”.

Sin tener aún los datos definitivos de las elecciones presidenciales, todo indica que, con alguna variación, esos números se repitieron el pasado domingo.

El otro fenómeno por destacar de esas elecciones fueron los resultados de los otros tres candidatos, especialmente los de la conservadora Marta Lucía Ramírez y de la candidata del Polo Democrático, Clara López. Entre las dos obtuvieron 3 951 699 votos, poco más de 30% de los sufragios válidos emitidos que, sumados, superan la votación individual de Zuluaga o de Santos.

Por su parte, Enrique Peñalosa obtuvo poco más de un millón de votos. Votos que serán decisivos en el segundo turno, sin que se pueda dar por sentado su traslado automático a ninguno de los dos todavía en competencia. Es probable que Polo Democrático llame al voto útil para evitar el triunfo del uribismo, pero el apoyo de Ramírez provoca más incertidumbre.

Vale la pena destacar que López quedó en segundo lugar en Bogotá (20,4%), detrás de Zuluaga (22,1%), y en Cali (20,5%) detrás de Santos (24%). En Medellín y Barranquilla, quedó en tercer lugar, con poco más de 16% de los votos en cada ciudad.

El tercer lugar de Santos en Bogotá (18,1%) y el cuarto en Medellín (10,2%) terminaron reflejándose en el resultado final. En Antioquía, departamento cuya capital es Medellín y donde Uribe construyó su base política en alianza con el paramilitarismo, Zuluaga arrasó más que duplicando la votación de Santos (37,5% contra 16,2%).

SORPRESA

“Sorprendente. No de otra manera se puede calificar la derrota de Juan Manuel Santos”, dijo la revista Semana en su análisis de los resultados electorales. “Santos alcanzó a triplicar en intención de voto a Óscar Iván Zuluaga. ¿Qué pasó entonces?”, se preguntó la revista.

La primera respuesta de dicho medio es que “la campaña de Santos tuvo errores estratégicos y se enfrentó al escepticismo de los colombianos frente al proceso de paz y a la inmensa popularidad del expresidente Uribe”. Entre las razones de su derrota señala la falta de un mensaje coherente en su publicidad.

A lo anterior añade una segunda explicación “más ideológica”. “Las reelecciones son tradicionalmente plebiscitos sobre la gestión del mandatario. Santos fue elegido con la mayor votación de la historia en 2010, para continuar las políticas de centro-derecha de Álvaro Uribe. No obstante, su decisión de abrir negociaciones de paz con las FARC, con la Ley de Víctimas que requería, movieron la agenda presidencial hacia la izquierda. Con esto, Santos perdió buena parte del apoyo de la derecha y de la centro derecha”, afirma la revista.

Sin embargo, agregó, “perder la primera vuelta no significa perder la Presidencia”. “El resultado dependerá en parte de las alianzas que se armen esta semana. Los colombianos que creen que el país nunca ha estado más cerca de la paz van a sacar su artillería para enfrentar el uribismo”.

DESENCANTO

Zuluaga volvió a poner sus cartas sobre la mesa al hablar en la noche del domingo, ya conocidos los resultados de la primera vuelta.

“El próximo 15 de junio vamos a decidir si queremos más de lo mismo o si vamos a cambiar para mejorar a Colombia. Si queremos continuar con un país cada vez más inseguro o si construimos un país con más seguridad como lo tuvimos entre 2002 y 2010, cuando confrontamos el terrorismo, el narcotráfico y el microtráfico”, afirmó. Del 2002 al 2010 gobernó Uribe, con su herencia de éxitos −para sus partidarios− o tragedia −para sus críticos.

Entre ellos, el ya citado Antonio Caballero enumeró los casos más escandalosos de la administración Uribe: “… vinieron las elecciones ganadas con votos de los narcoparas, pagados a continuación con la ‘Ley de Justicia y Paz’; la falsedad de los autoatentados; las chuzadas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS); los narcoparlamentarios del uribismo, haciendo cola para ir a la cárcel después de haber votado en el Congreso los proyectos del Gobierno; el desmantelamiento de los ministerios de Justicia y de Medio Ambiente; la reforma laboral que eliminó las horas extras con el pretexto falaz de crear empleo; las peleas con los países vecinos; la compra de conciencias con embajadas; el espionaje a las altas Cortes; las reuniones con delincuentes en los sótanos del Palacio Presidencial; los enriquecimientos ilícitos; las zonas francas; los distritos de riego; el Agro Ingreso Seguro; los peculados; las concesiones de obras; el cohecho para comprar los votos de la reelección, a cambio de notarías; la corrupción, por ministros interpuestos o por la propia mano presidencial que repartía cheques en los consejos comunitarios. Los delatores recompensados. Los altos funcionarios huyendo de la justicia”.

A esa larga lista, agrega, para terminar: “Y el horror sin parangón de los falsos positivos en los que el Ejército asesinaba civiles y los vestía de guerrilleros para demostrar que la política uribista de ‘seguridad democrática’ iba ganando la guerra a fuerza de amontonar cadáveres”.
Lo cierto es que el resultado está a la vista: el desencanto reflejado en la abstención y los votos en blanco, aunque con una movilización suficiente del bloque uribista para hacer ganar a su candidato en la primera ronda de estos comicios.

Resta ver si será suficiente para llevarlo a la presidencia, en una campaña corta, en la que el proceso de negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) −que Santos lleva a cabo en La Habana− será uno de los ejes del debate.

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