Avance del fascismo en Europa: “No escolarizaremos a sus hijos, no les daremos ayudas sociales ni alojamiento”

Las tendencias fascistas se han extendido rápidamente por casi toda Europa en los últimos años. (Foto: tomada de Internet)Aunque la frase se refiere a

Las tendencias fascistas se han extendido rápidamente por casi toda Europa en los últimos años. (Foto: tomada de Internet)

Aunque la frase se refiere a los inmigrantes que intentan asaltar las fronteras europeas, en realidad podría referirse a todo el mundo político de la modernidad.

“Ya no tenemos nada que ofrecerles”, dijo la presidenta del Frente Nacional (FN) francés, Marine Le Pen, la gran ganadora de las recientes elecciones municipales francesas, en una entrevista a un diario español la semana pasada.

Consultada sobre cómo enfrentar a los subsaharianos que tratan de entrar a España saltándose la valla de Melilla −un viejo enclave colonial−, Le Pen afirmó: “Mientras Europa mantenga una política atractiva para los inmigrantes, nadie los parará. Hay que poner en marcha una política disuasoria, lanzar una señal muy clara que diga que ya no tenemos nada que ofrecerles. No escolarizaremos a sus hijos, no les daremos ayudas sociales, ni alojamiento […] Lo de Melilla se soluciona quitando la sanidad a los inmigrantes”, o sea, dejándolos morir.

La tendencia se ha ido generalizando en Europa. El Gobierno alemán anunció el 26 de marzo pasado un endurecimiento de su política de inmigración: «Quien no encuentre trabajo tiene que irse», tituló ese día el “Frankfurter Allgemeine Zeitung”.

La nueva política consiste en limitar el acceso de inmigrantes europeos, principalmente rumanos y búlgaros, a las prestaciones sociales. Se les dará un permiso de residencia provisional de 3 a 6 meses mientras buscan empleo. Si no lo encuentran, tendrán que irse.

ELECCIONES EUROPEAS

Las tendencias fascistas se extienden rápidamente por casi toda Europa. El analista Miguel Urbán publicó en el diario español Público lo que llamó “una radiografía de la extrema derecha” ante las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 25 de mayo.

Unos comicios que –afirmó– “según todos los sondeos, pueden estar marcados por un importante aumento electoral de la extrema derecha”. Estas elecciones podrían convertirlos “en el grupo que mejor conecte con el voto de protesta contra la crisis y el actual modelo de construcción de la UE. De esta forma, las encuestas les dan casi una quinta parte de la Eurocámara, frente al 12% actual”.

Urbán clasifica la extrema derecha europea en tres grandes bloques: el “tradicional” (más ligado a la ideología fascista), uno que llama de “nuevo cuño”, “postindustrial” o “nacional-populista” y el de los “eurófobos”.

Los países sin una extrema derecha con representación parlamentaria en Europa, “ya no son la norma, sino la excepción”, afirma, y cita diversos ejemplos de esa participación.

Entre ellos, el “Jobbik” húngaro, con tres representantes en el Parlamento Europeo y 44 escaños en el legislativo húngaro, “así como con una organización paramilitar llamada Guardia Nacional”. En Grecia está Amanecer Dorado, con sus 18 diputados encarcelados, acusados de asesinatos y atentados.

Con mayor éxito en la Europa del este, a estos dos partidos Urbán agrega el Ataka búlgaro, “que se ha consolidado como la cuarta fuerza política tras obtener el 7% de los votos”, y el Partido Popular Nuestra Eslovaquia (LSNS), de Marian Kotleba, heredero del ilegalizado partido nazi Slovenská Pospolitost (Comunidad Eslovaca), que obtuvo casi 56% de los votos y gobernará la región más grande del país: Banska Bystrica.

A estos se suma una extrema derecha de nuevo cuño. Entre ellos, el Frente Nacional francés, que se presenta en las encuestas como favorito para las elecciones europeas “con el 24% de intención de voto y un 34% de popularidad”, así como el Partido Popular Danés, los Demócratas de Suecia y los Verdaderos Finlandeses, que son ya la tercera fuerza más votada en sus respectivos países, recuerda Urbán. En Austria, el Partido de la Libertad (FPÖ) —también incluido en esta tendencia— superó en las últimas elecciones el 20% de los votos.

NAZIS EN EL PARLAMENTO

La progresión electoral del fascismo europeo recuerda la del nazismo alemán a fines de los años 20 y 30 del siglo pasado. En su “Guión de historia contemporánea”, el escritor costarricense Vicente Sáenz recuerda que el nacional socialismo obtuvo unos 800 000 votos en 1928, lo que les significó doce diputados.

Pero fue cuando la crisis de los años 30 “sacudió desde sus cimientos el Estado alemán” que el apoyo a los nazis creció como espuma.

En 1930, Hitler logró llevar al Reichstag, el parlamento federal, 106 diputados. “De esa fecha en adelante —dice Sáenz—, como resultado de la depresión económica y del auge natural de los partidos radicales, el poder de Hitler fue aumentando de elección en elección”. En 1933, Hitler asumió la jefatura del Gobierno mientras el mundo se encaminaba hacia la II Guerra Mundial.

Un crecimiento nazi parecido al que el comentarista Oleg Yasinsky dibuja para lo que está ocurriendo en Ucrania.

Svoboda (Libertad), liderado por Oleh Tyahnybok, es un partido eufemísticamente calificado por los medios como “nacionalista”, actualmente con una fuerte presencia en el Gobierno de Ucrania. Yasinsky nos recuerda que Svoboda, hace tan solo cuatro años, “era un grupito de fanáticos y tuvo un apoyo electoral del 0,12%”.

Sin embargo, agrega, en las elecciones parlamentarias del 2012 “Svoboda logró un 10,44% de los votos y hasta ahora duplicó o triplicó el número de sus partidarios”.

Alarmado por el resurgimiento del nazi-fascismo en Europa, el economista español Vicenç Navarro −un frecuente analista de la actual crisis económica mundial− recuerda que lo que caracterizó el periodo previo a 1933 fue “una enorme depresión económica, acompañada y causada, en parte, por las enormes políticas de austeridad que se estaban imponiendo […] Dicha austeridad fue exitosa en reducir la inflación, pero dañó en gran manera a las clases populares. De ahí surgió el nazismo, basado en el enfado popular y ayudado por las profundas divisiones de las izquierdas”.

Comparándolo con la situación actual, Navarro afirma que “estamos viendo un rechazo de las clases populares hacia esta Europa, a la que no consideran −con razón− su Europa”.

“Este rechazo –agrega– incluye los partidos gobernantes o exgobernantes de izquierda que han contribuido a esta austeridad. De ahí el surgimiento del fascismo de base popular a lo largo de Europa, realidad que el establishment europeo (incluyendo sus izquierdas gobernantes) ha facilitado que aparezca, pero que ahora no entiende”.

El objetivo del FN de Le Pen en las elecciones europeas de mayo próximo es lograr conformar una bancada “nacionalista” con más peso en el parlamento. “Los eurodiputados nacionalistas no hemos sido suficientemente escuchados en la Eurocámara”, estimó.

Lo cierto es que su fuerza deriva, entre otras cosas, de la crítica a las políticas de ajuste impuesta en toda Europa, con graves efectos en países como Grecia, España o Portugal, entre otros.

Refiriéndose a España, Marine Le Pen afirma que le sorprende que no se haya creado aún “una fuerza que critique la Unión Europea y esa política de austeridad que le han impuesto. Pero las cosas pueden cambiar muy deprisa”, destacó.

Cuando se la compara con los partidos neonazis de Europa reacciona airada: “Estoy harta de eso. ¡Es insultante! No tenemos nada que ver con esa gente ni con su ideología neonazi. Somos un partido esencialmente antieuropeista y antiglobalización”.

“Nuestras prioridades —añade— son el control del gasto público, la seguridad, la vivienda y la defensa del pequeño comercio; una acción más firme de las fuerzas de orden y la justicia”.

No dejará de tener su atractivo su afirmación de que “resulta asombroso constatar cómo el Partido Socialista y la Unión por un Movimiento Popular (UMP, el partido del expresidente Nicolás Sarkozy) han consentido, ambos por igual, las prácticas de competencia desleal de las grandes superficies, desde su instalación en el centro de las ciudades hasta sus horarios de apertura dominical […] El pequeño comercio merece ser defendido no sólo por el aspecto económico, sino por su componente social”.

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