Adiós al subcomandante de acero inoxidable

Oigan, está muy oscuro acá, necesito una lucecita. Últimas palabras del supMarcosNo fue un “Rock Star” o un “sex symbol”, que sin duda buscó

Oigan, está muy oscuro acá, necesito una lucecita. Últimas palabras del supMarcos

Tras padecer varias enfermedades terminales, según nos contaban los grandes medios de comunicación, el subcomandante Marcos por fin ha dado la cara o el pasamontañas −según quieran ver−, para finiquitar su viaje, pero no por razones de salud −para decepción de algunos−, sino sencillamente porque la realidad nos recordó que no es él, sino nosotros los que caminamos, y así como la muerte acompaña su resistencia, debían una vez más encontrar la forma de sortearla en esa lucha contra el olvido por la memoria. Así volvió al encuentro la eterna pregunta ¿Quién era el  supMarcos?

No fue un “Rock Star” o un “sex symbol”, que sin duda buscó méritos para ser; sin embargo, este fracaso −según su propio testimonio− fue porque  disqueras y revistas de farándula no le dieron “bola”. Tal vez esta sea la versión más honesta de un personaje que caló en la tenue y desnutrida clase política; un subcomandante que hablaba con escarabajos andantes, búhos, muertos dignos,  gato-perro y otros que sin esperar el reconocimiento o lugar en la historia, gritaron sus verdades, incomodaron a unos cuantos, silenciaron otros tantos y tendieron su mano-voz a los y las de abajo.

Muchos interpretaron que era un profesor de filosofía, que por algún arrebato divino o político decidió jugarse su suerte al sur, en aras de ser una vanguardia, versión que el Sup,entrada la noche y  con la risa del que recuerda sus ínfulas de intelectual, reconoce que en medio de la Lacandona fue donde poco a poco, bajo el intercambio con las comunidades indígenas, aquella guerrilla convencional fue fracasando, y la vanguardia, la toma del poder y otros muchos términos fueron derrotados en aquellas montañas; así, para una madrugada de enero eran otros y otras.

Su irrupción no fue para dogmatizar o redirigir la lucha social, según la voluntad de poder de la “élite progresista de moda”, sino más bien recordar la necesidad de preguntar, mirar, escuchar  y aprender de esos “otroas”, un singular-plural que aún nos cuesta ubicarlo en esa geografía de la resistencia, que con sus colores dibujan la esperanza al margen de ese poder que busca callarlos, ocultarlos o eliminarlos, según sea el calendario de arriba.

El supMarcos fue una figura colectiva, que detrás de aquella botarga representaba millones de voces de los desplazados por el capitalismo, los desechados por el “generoso progreso” neoliberal y otros proyectos que fueron institucionalizados desde aquella larga noche de los 522 años. Una figura o muchas que a través de sus expresiones, historias y demás apariciones, contribuyó a deslegitimar la idea de “vanguardia”, por la búsqueda de preguntar, escuchar, mirar y aprender no para dominar, sino para seguir caminando en la construcción de ese mundo donde quepan muchos mundos.

Es así como dice don Pablo González, hace aparición la geometría del poder, un ejercicio que los zapatistas nos recuerdan, donde además del conocido izquierda-derecha, existe también un arriba y abajo. Donde en ese abajo existe la necesidad de preguntar, escuchar y mirar, para caminar no sobre los y las compas, sino al lado, hombro a hombro. Sin la necesidad de dirigir, imponer, enseñar, sino escuchar, mirar, compartir y aprender es la forma que construye ese abajo y a la izquierda.

El Sup no fue más que un espejo de digna rabia, dolor, y donde nuestras esperanzas encontraron esos reflejos de resistencias y luchas diversas en su geografía, calendarios y colores, una forma de complicidad, para el encuentro de voces donde se sumergían los vivos y nuestros muertos, una trinchera contra el olvido.

La muerte volvió a estar presente en territorio zapatista, la víctima fue el supMarcos, un personaje en definitiva sin historia individual, una figura reconstruida de muchas otras para devolverle la voz a millones de nadies, que a lo largo de la geografía y los calendarios vivieron, sintieron, lucharon y resistieron. La muerte se lleva un personaje que sólo fue camino para encontrarnos a lo largo de aquella noche que terminó en la madrugada del 1 enero 1994, donde ética y política volvieron a ser la cara de la misma moneda.

Esa misma muerte una vez más fue engañada, Galeano aquel compañero zapatista abatido, queda entre nosotros; un compa digno, maestro, rebelde y que se incomoda. En definitiva no se rinde, no se vende y no claudica. Un abrazo de bienvenida al compa Subcomandante insurgente Galeano, aquel que cuando renaciera sería en colectivo.

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