Bifurcaciones: instars y metamorfosis de la mente

Como quien sale de un traje hecho perfectamente a la medida, lo dejan atrás y tienen ahora un nuevo exoesqueleto, lo que para nosotros

Al estudiar el desarrollo de insectos, hay una forma obvia de definir cada etapa. Las larvas o ninfas van creciendo, y hay momentos en que mudan: emergen del exoesqueleto viejo.

Como quien sale de un traje hecho perfectamente a la medida, lo dejan atrás y tienen ahora un nuevo exoesqueleto, lo que para nosotros equivale a una piel más grande que la anterior y que así permite crecer.

En una especie dada, cada estadío larval o “instar” puede tener características distintas, tanto de morfología como de comportamiento, y distinguirse radicalmente del adulto.

Podría pasar por una etapa depredadora y activa, una sedentaria y subterránea, una de hibernación, y una voladora y herbívora (Ej. Epicauta sp., Coleoptera: Meloidae). Es decir, la evolución los ha dotado de la capacidad de desarrollar un nuevo traje para enfrentar un nuevo ambiente (claro está, dentro de ciertos límites), que podría ser radicalmente distinto al anterior.

El organismo emerge de su exoesqueleto viejo y deja atrás esa muda en el microambiente en el que estaba inmerso.
Comparar el desarrollo de insectos con humanos produce a veces ciencia ficción. Sin embargo, las investigaciones del psicólogo Robert Kegan, de Harvard Graduate School of Education, sugieren que los cambios mentales a lo largo de la vida de los humanos también tienen etapas definidas. Aunque no dejamos atrás una piel marcando claramente el “instar” en el que estamos, como los insectos, sí podemos desarrollar “un nuevo traje” para enfrentar los cambios en la complejidad del ambiente (también dentro de ciertos límites).

Continuando el trabajo que inició el biólogo Jean Piaget con énfasis en “etapas larvales” de infancia y adolescencia, Kegan realizó sus estudios sobre la vida completa de las personas, incluyendo la vida adulta. Identificó cinco etapas de desarrollo cualitativamente distintas en la forma en que se construye, activamente, sentido a partir de las experiencias. Cada etapa es más avanzada que la anterior, en cuanto al nivel de complejidad con que la persona organiza las experiencias y conocimientos de sí misma, de otras personas, y del mundo que la rodea.

Estas etapas dependen de la relación sujeto-objeto. El sujeto se refiere a aquellos elementos con los cuales estamos identificados, atados, fusionados: estamos inmersos en ellos. El objeto se refiere a los elementos que podemos tener, observar, manipular en diversas formas.

Se tiene el objeto, pero se es sujeto. En esta relación sujeto-objeto, el recién nacido es completamente sujeto, y en un inicio no tiene elementos del lado del objeto. Pero en su primer estadío, ya es dueño de sus reflejos, que pasan al lado del objeto. En su segundo estadío, se apropia además de los impulsos y las percepciones en que antes estaba inmerso. En el tercero, toma control de sus necesidades, intereses y deseos.

En el cuarto, las relaciones interpersonales también pasan a ser objeto. Y en el quinto estadío, el más avanzado, el sujeto además se apropia de su identidad, ideologías, administración psíquica, y autoridad (authorship). En cada etapa, no dejamos atrás una muda vieja, pero sí nos liberamos de aquello en que estábamos inmersos. Estamos más conscientes al convertir algo que era sujeto en objeto, para que podamos tenerlo en lugar de que nos tenga a nosotros. Es así como Kegan conceptualiza el crecimiento de la mente. 

El desarrollo psicológico continúa a lo largo de la vida y las transformaciones se dan en edades variables entre individuos. Las mejores prácticas de las ciencias del aprendizaje, toman en cuenta las etapas de desarrollo psicológico de los estudiantes, para diseñar ambientes de aprendizaje adecuados y enriquecedores.

Pero mi pregunta es: ¿lo hacemos en las universidades? El trabajo de Kegan me hace pensar que los docentes universitarios deberíamos comprender mejor el desarrollo de estudiantes de grado y posgrado, que son adultos de todas las edades. Sobre este punto, Kegan nos dice que las personas logran progresar en los instars y metamorfosis de sus mentes, cuando continuamente experimentan una mezcla ingeniosa de apoyo y retos.

Los ambientes cargados de retos, pero sin el apoyo adecuado, son “tóxicos” y promueven constricción y reacciones defensivas. Los que tienen mucho apoyo pero pocos retos, se vuelven aburridos y pueden hacer que se estanque el desarrollo. Buscar este balance de apoyo y retos, entre otras cosas, parece necesario para realmente contribuir al desarrollo de las mentes universitarias, pasando por sus instars y metamorfosis, hacia una mayor complejidad.

 

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