Crítica socioambiental al primer año del Gobierno

El primer año de gestión de la administración Solís nos deja en general algunos “más o menos” superados por muchos y decepcionantes “menos”.

El primer año de gestión de la administración Solís nos deja en general algunos “más o menos” superados por muchos y decepcionantes “menos”. Pocas calificaciones “buenas” han resistido la presión de poderosos medios de comunicación, la heredada burocracia paralizante y los grandes intereses económicos y políticos de siempre. En materia ambiental poco o nada se rescata.

Los “más o menos” del gobierno de cambio. Lo que inició muy bien para beneficio del ambiente, como fue el decreto 38500-S-Minae de moratoria a las actividades de incineración de residuos, parece que puede terminar muy mal, ya que está a punto de caer por la presión de alcaldes y empresas interesadas. Otro caso fue el cacareado con bombos y platillos, decreto de maíz como patrimonio cultural, que no es más que un refrito que propuso el sector ambiental al gobierno pasado. Se suma la convocatoria a un “diálogo” nacional de energía que terminó en un ejercicio para viabilizar proyectos que nada tienen que ver con la expectativa generada por el ministro de declararle la paz a los ríos, tal y como lo había anunciado al respecto de las represas de Pacuare y Zona Sur. Y para cerrar estas medias tintas emite otro decreto de moratoria petrolera, que si bien se extendió en años el que había emitido la administración anterior, no incluye la moratoria a la explotación de gas, por tanto poco innovadora y comprometida resulta su gestión.

Infraestructura es primero. Cada día es más evidente que son incuestionables las inversiones y megaproyectos de infraestructura heredados de administraciones pasadas: aval a la destrucción del humedal Cariari, desalojo del refugio de vida silvestre y hogar de Jairo Mora, el cuestionado aval ambiental al muelle de APM terminal, reactivación de la refinería China, la regresión ambiental que incluye el proyecto de la ruta 32, impulsar el PH Diquís como “proyecto estrella” sin evaluar aún el costo socioambiental. Tampoco se descarta aún el aeropuerto en la zona pacífico-sur que afecta no sólo patrimonio cultural material de interés mundial como son las milenarias esferas, comunidades indígenas vivas, y el Humedal Térraba-Sierpe también de interés global declarado Sitio Ramsar.

¿Moratoria a la expansión piñera? No hay ninguna intención de cumplir el compromiso de establecer una moratoria a la expansión piñera. Por lo contrario, se está trabajando en dirección opuesta para la exportación de piña a China (Opinión Diario Extra, Sábado 20-8-2014). Ante esto, las comunidades buscan justicia a nivel internacional en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Cambio climático. No hay un cambio conceptual, discursivo, práctico y mucho menos estructural que permita salir de las falsas y cosméticas medidas como las que se vienen imponiendo, sobre todo a comunidades indígenas, para apropiarse de sus bosques a través de mecanismos engañosos como REDD.

Minería. Con la luz verde al cuestionado Tajo Asunción, el Gobierno actuó contra el actual y futuro abastecimiento de agua en Limón. El Presidente de la República y el Ministro de Ambiente vuelven a apartarse de criterios técnicos y, sin mayor problema, le facilitan la apertura de la mina no metálica más grande de todo El Caribe costarricense.

Guerra abierta contra los mares. Absoluta incoherencia, en ausencia de política ambiental integral, este Gobierno se perfiló como depredador de los mares: se ha avalado la matanza de tiburones para la exportación de aletas, impulsado la pesca de arrastre, solicitado el aumento de 7.000 toneladas adicionales de la 9380 de atún que se sobrexplota y todo se regala en nuestras aguas. (Semanario UNIVERSIDAD, 19 -7- 2014).

Transgénicos. Si bien hay un aparente compromiso por respetar los acuerdos de 74 municipalidades declaradas libres de transgénicos, el Gobierno aún no cumplió la promesa de campaña de aprobar un decreto a la moratoria a los cultivos transgénicos.

Setena y continuismo. Las organizaciones ambientales demandaron como primer reto de la administración Solís un cambio en Setena. Lejos del cambio, el Gobierno ha sacado ventaja del continuismo con la aprobación de muchos de los polémicos y cuestionables proyectos que impulsa (feconcr.org, 12- 5-2014).

Pacto ambiental. En campaña, el Partido Acción Ciudadana establecía un Pacto ambiental. Los casos mencionados ni siquiera parecen ruborizar a quienes llegaron al poder ganando votos con ese pacto que quedó en el olvido en menos de un año de gestión.

En conclusión. Este Gobierno fijó su ruta en megaproyectos de infraestructura, que ni siquiera son nuevos, a cualquier precio y por encima de cualquier criterio. En lo que se refiere a materia socioambiental, no aconteció el mentado gobierno del cambio. Poco se puede cambiar intentado solamente maquillar y continuar la agenda que venía. Hay que “cambiar” el fondo y no solo la forma; porque se termina haciendo una mala copia del gobierno anterior.

 

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