De la imprecisión como base del trabajo académico

En un artículo reciente, publicado en la Revista Estudios (volumen 27, número 1, 2013) de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de

En un artículo reciente, publicado en la Revista Estudios (volumen 27, número 1, 2013) de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica, el historiador Esteban Rodríguez Dobles se da a la tarea de investigar el uso del concepto de mentalidad en Costa Rica. Con este fin, considera un amplio conjunto de materiales impresos, pero incurre, desde un inicio, en el grave de error de no delimitar el concepto que le interesa, el cual es asociado con términos como “temperamento”, “carácter”, “ser”, “espíritu”, “alma”, “creencias”, “pensamientos”, “imaginarios”, “religiosidad” y “vida cotidiana”.

Puesto que en la concepción de mentalidad de Rodríguez puede caber casi todo, no sorprende que el autor haga una revisión de materiales en la que combina relatos de viajeros, cuadros de costumbres, textos literarios, obras historiográficas de diversa índole y estudios académicos elaborados por especialistas en distintas ciencias sociales identificados con perspectivas teóricas y metodológicas muy variadas.

A lo largo de lo que resulta ser un errático recorrido, Rodríguez demuestra la precariedad de su erudición y la índole descuidada de su análisis en diversas ocasiones, como cuando confunde a Joaquín Bernardo Calvo Mora con su padre, Joaquín Bernardo Calvo Rosales; o cuando afirma que Carlos Monge Alfaro no se ocupó ni siquiera marginalmente de las especificidades del costarricense, pese a las páginas que este autor dedicó a las características de la cultura campesina del siglo XVIII.

Rodríguez, además, deja de lado la relación entre ideologías y mentalidades, y no considera las problemáticas asociadas con la invención de tradiciones y con las identidades. Igualmente, omite toda referencia a los trabajos de Ileana Muñoz García y Víctor Hugo Acuña Ortega sobre la construcción de particularidades identitarias en la Costa Rica de la primera mitad del siglo XIX, y demuestra desconocer los balances historiográficos anteriores realizados en el país acerca de la historia de las mentalidades.

Por si lo anterior no fuera suficiente, Rodríguez tiende a descalificar la obra de diversos historiadores, en particular la de Orlando Salazar Mora, la de Claudio Vargas Arias y la de Steven Palmer. A Salazar lo ubica como un historiador tradicional, pese a la ruptura que supusieron sus trabajos en términos de la historia electoral de Costa Rica; a Vargas lo cuestiona mediante el expediente de generalizar sus conclusiones a toda la sociedad, pese a que Vargas las circunscribe a la vida política; y a Palmer lo responsabiliza por inspirar interpretaciones de los grupos subalternos como autómatas, planteamiento que no tiene el menor asidero en la evidencia disponible.

Al considerar mi libro La ciencia del momento, en el que analizo la astrología y el espiritismo en la Costa Rica de los siglos XIX y XX, Rodríguez apela a un ominoso nacionalismo académico para descalificar mi trabajo, porque aplico “perspectivas teóricas extranjeras”. Además, según él,  los resultados a que llego ya habían sido adelantados por Ángel Cappelletti en un artículo publicado en la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica en 1986. Ahora bien, el interesante estudio de Cappelletti (cuyo apellido Rodríguez consigna de manera equivocada) es un trabajo general sobre la relación entre espiritismo y positivismo y no se refiere, en ningún momento, a la experiencia costarricense.

En razón de lo expuesto, no sorprende que Rodríguez, quien incluye citas textuales de otros trabajos suyos como fuente de autoridad académica, termine su artículo con una disculpa a los lectores, por presentarse como el único historiador profesional costarricense cuyos trabajos “han tratado de precisar y comprender el concepto de mentalidad”. Sin duda, hay que agradecer a Rodríguez que su artículo, para demérito del prestigio de la Revista Estudios, proporcione evidencia más que suficiente para rebatir esa –ligeramente inmodesta– conclusión.

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