El FEES y una visión de mundo

La noción de educación que comparte la mayoría de defensores del aumento del 11%, por el contrario, es de una visión integral: la formación

tendría que ser el resultado de todo un cambio de los sistemas de educación y, sobre todo, de un cambio en el espíritu de los encargados de darla. Vaz Ferreira

La noción de educación de la mayoría de la población costarricense queda reducida a la posibilidad de ubicarse cómodamente en el mercado laboral.

La noción de educación que comparte la mayoría de defensores del aumento del 11%, por el contrario, es de una visión integral: la formación de profesionales que velen por mejorar el panorama nacional y, a veces mundial, desde todos los frentes (inclusive aquellos que aún no existen, pero que posiblemente serán descubiertos gracias a los constantes cuestionamientos de la realidad que se dan en las universidades). Para lograr esto último es necesaria la inversión de recursos que faciliten, tanto al profesional dedicado a la educación como al estudiante, una calidad de vida digna.

Cuando hablo de calidad de vida me refiero a buenas instalaciones, a buen equipo, a buenos salarios, etc. 

(Parte II)

El tema de la viabilidad del aumento sufre influencia directa de lo anteriormente señalado. Dependerá de la visión de mundo, y dentro de esa visión de mundo de la visión que tengo de la educación, mi esfuerzo a encontrar medios prácticos que me lleven a soluciones monetarias viables. Nos encontramos ante la compleja disyuntiva entre Administración y Cultura.

Los que apostamos por una creación cultural compleja y heterogénea creemos que es necesario apostar en las instituciones de educación para posibilitar un cambio substancial en la realidad costarricense. La administración deja de lado dicha apuesta y se preocupa por la cuestión de fondo desde una perspectiva tecnócrata. Se encuentra frente a un problema más cuyo complejo conglomerado de implicaciones y soluciones escapa a su análisis. El trasfondo ideológico resulta sumamente evidente.

Las manifestaciones culturales de calidad ocupan espacios y para la creación de esos espacios se necesita dinero; pero, si la apuesta fuerte de la Administración no son esas manifestaciones culturales (posiblemente la mayoría de los participantes del debate ni siquiera se han planteado el problema en estos términos) nunca le resulta necesario buscar encarecidamente por otra solución a no ser la más simple: dar el aumento mínimo posible.

Quiero dejar claro otra cuestión de fondo importante aquí y así despistar cualquier asomo de ingenuidad: si el aumento del 11 % fuera aprobado, eso no significaría necesariamente una mejoría substancial en las universidades. Estas también sufren de los problemas burocráticos que sufre cualquier institución gubernamental. Es harto sabido que la UCR, el TEC y la UNA, son instituciones formadas por seres humanos, en ellas se encuentra la posibilidad de mejorar la educación superior de nuestro país. La UCR es de los seres de carne y hueso que la conforman y son estos los que tienen en sus manos la labor de mantener su estatus de institución de élite, con su obrar del día a día. Mejorar la situación económica es sólo un paso, pero no la garantía absoluta. Como ya mencioné anteriormente, muchos cambios se pueden dar aún sin ser aprobado ningún aumento.

Tantos estudiantes como profesores tienen la capacidad de maximizar recursos y recortar gastos al alcance de la mano. Pero el trasfondo que llama la atención aquí es el de la visión global que tiene el público en general, los estudiantes y profesores de las instituciones envueltas en la discusión, y la administración pública. A fin de cuentas, es un tema en el que hay que tomar partido. Mi intención es mostrar que al hacerlo se toma partido no sólo respecto al tema específico,  sino en cuestiones de índole macrosocial (ideologías, políticas, formas de vida, Weltanschauung) que van mucho más allá de los términos monetarios con los cuales se lleva a cabo el centro del debate.

Finalmente, no queda más que referirnos a nuestro ministro de educación (sí, con minúscula). En un texto reciente publicado en su página de Internet, el señor Garnier defiende detalladamente su posición respecto al aumento del 11%. Explica su interés por mostrar un mayor apoyo a la educación secundaria,  sin dejar de lado la superior.

Al mismo tiempo, dedica un párrafo a recalcar que está a favor de los altos salarios en la Universidad.

Al parecer el señor Garnier ya se alineó de lado de uno de los bandos y dejó de lado la posibilidad de pertenecer al nuestro, como todo el mundo esperaba, pues sigue formando parte del cuerpo académico de la Universidad. Personalmente no se lo reprocho; al fin de cuentas pertenece a la administración y, como su miembro, nada más fácil que adoptar la misma visión de mundo.

No desearía en ningún momento tener que estar en sus zapatos y tener que luchar con los aqueos cuando sé que me hago llamar habitante de Troya, a la cual algún día tendré que volver.

 

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