El PAC frente a la democracia del siglo XXI

Con la caía del muro de Berlín en 1989, algunos socialdemócratas mundiales quedaron sin  añagazas y, en América Latina, quienes se arrogaron la voz

Con la caía del muro de Berlín en 1989, algunos socialdemócratas mundiales quedaron sin  añagazas y, en América Latina, quienes se arrogaron la voz del pueblo, pelean hoy contra enormes fantasmas, resistiéndose a creer que en el continente las cosas ya no son como ellos quisieran que sean.

Esto explica que en la Europa post Unión Soviética, estos sectores −llámense  ex eurocomunistas o socialistas−, terminaron por entregar su alma a los partidos conservadores que moldean una comunidad económica que no le tiembla  el pulso para invadir África o fomentar guerras intestinas en Siria, Ucrania, Libia, etc.

Y Costa Rica no es la excepción, pues pareciera que el Partido Liberación Nacional (PLN), luego de las pasadas elecciones del 2 de febrero, “tanteó”  el terreno de los defensores del “mercado absolutista” y no entre los sectores apabullados por la miseria, los salarios de hambre y condenados a la inmovilidad social y la inequidad.

Esto explica que su candidato presidencial, Johnny Araya Monge, pusiera inesperadamente fin a su campaña electoral para la segunda ronda, frente al historiador y politólogo, Luis Guillermo Solís, a quien el destino le ofrece una oportunidad de oro para catapultar a la Costa Rica del siglo XXI, siempre y cuando el 6 de abril no se dé en nuestro país  el “fenómeno Quijano”.

En la segunda edición electoral de los salvadoreños el pasado 9 de marzo, el autoproclamado “pueblo” (exportadores, industriales, banqueros y empresarios de El Salvador), cerraron fila con Norman Quijano, del ultraderechista  partido ARENA, frente a Salvador Sánchez, del FMLN, luego de una campaña del miedo que no tuvo nada que  envidiarle con la desatada aquí por el PLN contra  José María Villalta, del Frente Amplio, días antes de los comicios del pasado 2 de febrero.

Rolando González, exgerente de la campaña de Araya, estimó que este tiró la toalla frente a Solís, porque salieron a segunda ronda en condiciones distintas a la que empezaron; hubo falta de tolerancia y humildad en su organización y “canibalismo subterráneo” ( La Nación pág 5 A; 9/03/ 2014.)

Cualesquiera que sean las causas invocadas por Araya la coyuntura actual facilita a Luis Guillermo Solís- sí no se presenta el “fenómeno Quijano”- para dar un giro de timón a la historia política del país. Es un académico que conocí siendo periodista como persona sincera, honesta y un sexto sentido propio de la Costa Rica campechana que no lo dan las universidades. A él se le facilitará decidir si opta por seguir “administrando” la miseria o la ubica para terminar con ella como clientelismo electoral.

Si bien es cierto es iluso pensar que en un plazo de cuatro años podrá desmontar posibles redes  de corrupción surgidas alrededor de concesiones de obras públicas, por ejemplo, también es cierto que en un año perfectamente tendría un diagnóstico para determinar si en las  compañías concesionarias, esas que históricamente ganan concesiones de puentes, carreteras y muelles, no hay “compadre hablado” entre familias de alcurnia, como sucedió recientemente en México con la firma Oceanografía SA y petróleos mexicanos, cuyas consecuencias siempre son mayor déficit fiscal y empobrecimiento de las mayorías.

En pocos meses incluso podría definir si apuesta por la dolarización de la economía y la  inflación provocada por la devaluación del colón como  modelos −donde  una moneda estadounidense vale igual para quien va desperdiciarla a los grandes centros turísticos del mundo o para quien la necesita para poner a trabajar su pequeña y mediana empresa local−, es factible en una nación  en la que las Pymes son los mayores empleadores.

No se necesitan necesariamente cuatro años ni una Asamblea Legislativa a su favor, con sueños bipartidistas al reformar su reglamento interno, para vislumbrar los planes de los grandes grupos de poder, que buscan la generación privada de electricidad y desmantelar lo que queda de la Caja como sus  negocios del siglo.

Nadie está pensando que ello será fácil para Solís, si olvida que el soberano no está  en las cámaras o los grandes “trusts”, pues me temo que él  tendrá luchas incluso con sectores de su propio partido, que no ven que la historia en América Latina cambió para bien o para mal, pero cambió. La aplastante derrota reciente en la OEA de quienes enarbolaron  la intervención foránea en Venezuela, llámense premios nobel o no, hace diez años era impensable. Las cosas han cambiado.

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