La CE bien merece una misa

Al valiente pueblo español sobre cuyas espaldas echaron encima hambre e inequidad.

París. El ejercicio de “gobernabilidad” con equidad nunca fue prioridad de los primeros europeos en las civilizaciones antiguas”, sostuve ante aquella veintena de jovenzuelos interesados por nuestro continente y, ante quienes, tan amablemente me presentó ese académico y sabio bondadoso, don Pedro Ojeda, a quien le agradezco haberme conocido por algunos medios de comunicación que están en la Internet, en cuenta UNIVERSIDAD, del que es asiduo lector los fines de semana. Lamento desde este lado del Atlántico que la crisis española lo obligue a desplazarse hasta la capital francesa para “redondearse” un ingreso que apenas lo mantiene con dignidad. Basta recordar, les enfaticé, que la llegada de los europeos a nuestras antiguas civilizaciones rápidamente tomó carácter de saqueo, impulsado por Portugal, España, Francia e Inglaterra. No hubo nunca preocupación por una gobernabilidad con inclusión y equidad, pues la cruz y la espada siempre tuvieron como norte los intereses de la realeza.

Desde el principio, expliqué a mis receptores, indiqué al Dr.Ojeda que aceptaba su invitación siempre y cuando no me llevaran al lenguaje academicista con el que a veces se dice todo y no se dice nada; que viajaría en compañía de alguien, dadas ya algunas limitaciones físicas y, lo más importante: Todo lo dicho sería estrictamente a título personal. Que ni siquiera me presentará ante ustedes como periodista y abogado, para no lastimar susceptibilidades de nadie.

Y es que en la realidad, explique, tengo excelentes amigos en todos los partidos políticos de mi país, excepto uno, así como en los foros profesionales, pero no son muy amigos de cómo pienso, respetándolos y queriéndolos profundamente por ello, lo que es normal en América Latina que es un mosaico de diferencias que son las que nos hacen grandes, sí así lo queremos, como dijo en algún momento el pensador uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015). Así, mientras ustedes como europeos saltaban, a partir de la victoria francesa sobre el clero y la realeza, de la “soberanía nacional” hacia la “soberanía popular”, nosotros allá tenemos élites que de vez en cuando sacan a relucir la vieja “soberanía nacional” para justificar la inequidad y su vigencia histórica. Precisamente estas diferencias permitieron a nuestro continente que los mismos acreedores – los prestamistas son todos iguales en el mundo, si usted afloja la mano- nos llevaran a los extremos donde tienen arrinconados a los pueblos de España, Portugal, Polonia, Grecia, etc., pues el riesgo de que muchos latinoamericanos acogieran la tesis de que “la deuda externa era impagable”, provocó pánico en los banqueros que fueron obligados a presentar diversas opciones de arreglo; en contraste con las exigencias “unificadas” para la llamada eurozona. En todo caso, allá como acá, resulta dantesco ver un especialista en política y administración trabajando cuatro horas cada ciento veinte minutos, jalando maletas en el aeropuerto de Barajas, donde se aborda el avión que traslada a las personas hacia París en poco más de dos horas de vuelo.

Ustedes recuerdan -y si no es así me corrigen- que después de la II Guerra Mundial los intentos anteriores de un continente europeo con cierta unidad tomaron fuerza, principalmente por iniciativa de Estados Unidos que ya visualizaba una Europa sin la Unión Soviética y excluyente. Sin embargo, fue hasta el 11 de noviembre de 1993, con la tercera Comisión Delors (Tratado de la Unión Europea) que se hizo realidad la creación de la Unión Europea.

Tiene que ser uno obtuso entonces para convertir en “folclorismo” los cientos de miles de jóvenes españoles desempleados y el millón y resto de hispanos que sobreviven con trescientos cincuenta euros al mes, en nombre de la unidad europea que no es totalmente unitaria, pues Rusia, por ejemplo, es parte de esta vieja civilización. No he venido a criticarles su casa, solo hago referencia a lo que palpé a mi paso por Madrid y París. Momentos de oscuridad peores hemos vivido en nuestra América desde el mismo instante en que la realeza y el clero nos “descubrieron”, para unos, o nos saquearon, para otros, impregnando para siempre los goces de Europa y sus innegables grandes maravillas con gotas de sangre y lágrimas, que aún hoy, aunque ustedes no lo crean, huelen a aborigen y al ADN de mis antepasados. 1 de julio 2015

 

 

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