El maniqueísmo: una salida fácil

Vuelven los discursos maniqueos satanizando el Estado y endiosando el Mercado. Una salida fácil y simplista ante problemas difíciles y complejos.

Vuelven los discursos maniqueos satanizando el Estado y endiosando el Mercado. Una salida fácil y simplista ante problemas difíciles y complejos. Son las recetas de corte mesiánico y fundamentalista que no contribuyen a propiciar el diálogo y la concordia.

Ejemplos de este discurso son opiniones vertidas en algunos medios de comunicación, tales como que “el Estado, cual matapalo, está estrangulando al sector privado” (La Nación, 20 de julio 2015, 30A). También la idea de un referéndum para “consultarle al pueblo si está de acuerdo o no en ponerle fin a la anarquía existente en materia de remuneración del empleo público” (La Nación, 19 julio 2015, 23A), aduciendo, de esta manera, que el Estado es dispendioso e ineficiente, en materia de política salarial.

Muerte el Estado y larga vida para el rey Mercado. Es la consigna de un maniqueísmo neoliberal de ingrata memoria que ya creíamos sepultado, después de su apogeo en la era Reagan-Thatcher. Pues no, pareciera resurgir con la receta de austeridad y sacrificio impuesta por Ángela Merkel, exigiendo al pueblo griego a pagar una deuda impagable. Efectivamente, esta posición encuentra su réplica en los abanderados de la privatización y la consigna antiestatal costarricense.

Por favor, pongámonos serios y aceptemos que tanto el sector privado como el estatal han incurrido en prácticas que deben ser corregidas. No se trata de polarizar la situación para sacar ventajas gremiales o sectoriales, así como para promover protagonismos político electorales. Poner el énfasis en los vicios y errores en que ha incurrido el Estado como si el Mercado fuese la víctima inocente es, por decir lo menos, un delirio neoliberal.

Lo que para algunos hoy son privilegios para otros son derechos adquiridos en buena lid. Pues bien, a argumentar con papelitos sobre la mesa de manera transparente y objetiva. A concertar en función de los grandes intereses nacionales, con visión autocrítica y reflexiva, es decir no maniquea, y a plantear salidas consistentes para dar respuesta a problemas complejos: déficit fiscal, desempleo creciente y empobrecimiento por desigualdad.

Hace rato la ciudadanía viene clamando por un nuevo pacto social y político para enrumbarnos hacia la Costa Rica del bienestar y la equidad. Pues bien, para ello se requiere, ante todo, superar las visiones maniqueas (buenos y malos, ángeles y demonios, ineficientes y competitivos…) que tanto entraban el diálogo y la concreción de metas sociales comunes y compartidas.

¿Por qué no disponernos a encarar nuestro destino como pueblo digno, sensible y pensante, donde tanto el sector público como el privado asuman la responsabilidad histórica y el compromiso solidario de hacer cambios sustantivos para preservar derechos razonables y afectar privilegios reales, en esta hora decisiva? Todo ello en la mesa del diálogo y la concertación. Por Costa Rica, la paz social y el bienestar presente y futuro de nuestros hijos.

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