Sfregiare, la cicatriz que puede incomodar

Este lunes me rasuré después de un tiempo sin hacerlo, reapareció esa cicatriz que tiene una persistencia casi histórica, paleolítica, es una cicatriz rocosa

Este lunes me rasuré después de un tiempo sin hacerlo, reapareció esa cicatriz que tiene una persistencia casi histórica, paleolítica, es una cicatriz rocosa, sus formas y colores guardan una cercanía con el mármol de Carrara. Desde la comisura derecha de mi boca se extiende por la geografía de la cara y se detiene abruptamente en medio de la mejilla, es la más longitudinal en mi cuerpo, pero fue producto del juego infantil. Solo otra me es más significativa.

Esto siempre me lleva a repensar y perfeccionar la tipología de las cicatrices que he ido construyendo basado en una especie de escala de honorabilidad, no son iguales en ella las cicatrices de una operación de cierta gravedad con las que dejaron la mordida de un zaguate trapero, las de una pelea callejera o las de una cesárea. Las comparábamos en la Escuela o con algún familiar, esas escalas están presentes de manera intangible. Cada historia me permitió ir afinándola, o mejor sería decir, creo que las historias son las que le han dado forma a las distintas tipologías de las cicatrices.

En la Italia meridional el navajazo en la cara se profiere cuando la infamia se convierte en una afrenta física directa, no se corta a matar, es una marca y una provocación. El Sfregio es el desadorno y su infinitivo es desadornar, esto literalmente quiere decirnos que el navajazo pone en desarreglo un rostro que fue harmónico. Por eso en este mismo país es usual emplear el término sfregiare para designar el ataque a las obras de arte como sufrieron la Piedad de Miguel Ángel, la Venus del espejo de Velázquez, alguna obra de Monet o las múltiples mutilaciones que ha sufrido la “Ronda de noche” de Rembrandt.

El Sfregio incluso se ha incorporado como técnica en el arte, pintas luego mutilas la obra para darle el toque final. Al Pacino en Scarface encarna literalmente un tipo de Sfregio, ese personaje cubano es una rugosa y estriada cicatriz que nos va delatando las historias de un latino infame, a quien Brian de Palma puso en aquel rostro una cortada para que narrara sin palabras sobre un hecho turbulento de su pasado.

Decía al principio que además de la de mi cara solo una me es más significativa en el cuerpo. Es la cicatriz que siempre es diferente en todos, nuestro ombligo; nos ha marcado para dar cuenta de que somos una especie solitaria y que esa primera cicatriz al nacer es el sfregio que comparte la humanidad. ¿Cuál ha sido la infamia de la humanidad? Puede que sea la marca que desarregla toda idea de nuestra proximidad con los animales, así como de lo bestial de las acciones humanas en su corta y cicatrizada historia.

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