Tiempo de hombres fuertes

Como Nery Brenes, el mejor atleta de pista que ha tenido hasta hoy Costa Rica, no logró clasificar para las finales de los 400

Como Nery Brenes, el mejor atleta de pista que ha tenido hasta hoy Costa Rica, no logró clasificar para las finales de los 400 metros en el Mundial de Atletismo (Pekín, China) un número significativo de lectores de La Nación S.A. digital le enrostra ser un negro vago y fracasado, mediocre, que recibe un millón de colones al mes a cambio de nada (LN: 24/08/2015). Estos peculiares comentarios resultan tan informados, oportunos y valiosos como los que hace, sobre distintos tópicos, Carlos Alberto Montaner a quien La Nación S.A. actual ha dado el puesto de “su intelectual de los domingos”. Montaner goza de prestigio cósmico por sostener, desde hace 40 años, que Fidel Castro morirá o ya está muerto y por haber titulado a su autobiografía “El manual del perfecto idiota” (un libro escrito a varios pies).

Su artículo del pasado domingo 23 de agosto, “La hora terrible de los hombres fuertes”, no hace sino confirmar sus prestigios: desinforma, manipula y ofrece su cuota de excremento para justificar lo peor. En esta ocasión, zahorí, ve rupturas institucionales (golpes de Estado) por doquiera en América Latina y las subsiguientes dictaduras.

Su primer párrafo se ocupa de desinformar: la latinoamericana protesta en las calles, dice, es idéntica en Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador, Chile, Nicaragua y Argentina. Todos estos gobiernos, para Montaner, son “de izquierda”. Pero asimismo el reclamo afecta a gobiernos de centro: Perú y México. Y, cosa, curiosa, también a los que Montaner valora “de derecha”: Guatemala y Honduras. Dos asuntos: regalando que en todos estos países las gentes transformen las calles en escenarios políticos (quizás porque no les queda otra senda), la similitud dice poco del carácter de sus protestas. En Chile, por ejemplo, estudiantes de distintos tipos, profesores y madres/padres marchan para exigir una educación pública que permita “competir” en los mercados. En México miles se movilizan y ocupan contra la violencia, corrupción y carácter asesino impune de autoridades, policías y militares. También por agua, tierra, derechos de las mujeres y contra los resultados de la política económica neoliberal. Y Chile no es “de izquierda” ni menos México resulta “de centro”. El primero posee una Constitución neoliberal y en el segundo gobiernan corrupción, venalidad y violencia, como en Guatemala (caso límite). Ni Honduras ni Guatemala son caracterizables sin más como “de derecha”. Se trata de poblaciones empobrecidas y maltratadas cuyos gobernantes (pueden incluir Conferencias Episcopales y desde luego militares) han configurado argollas delincuenciales. Algo parecido ocurre con Nicaragua. “Derecha”, “izquierda” y “centro” resultan poco útiles para entender hoy las realidades políticas latinoamericanas.

El segundo párrafo de Montaner añade a la “desinformación” lo que él considera su “astucia”. Enumera “los” 12 males políticos latinoamericanos. Su detallismo le permite evadir que esos males América Latina los produce desde su configuración socioeconómica y cultural (The Matrix) y que esta, hoy en especial, resulta de su inserción en un mundo mundializado. Montaner esfuma el sistema. Los males que determina se dan y el lector puede reconocerlos. Pero el sistema también existe y Montaner lo esconde tras los detalles. O sea, su discurso es conservador.

Por esto inquieta que prediga rupturas constitucionales (“hombres fuertes”) en América Latina. Los golpes de Estado en esta área (y en particular en América Central) solo pueden producirse si los promueve y ampara EUA. O su gobierno les concede al menos una “negligencia benigna”. Los “hombres fuertes” que se siguen de golpes de Estado son hoy un tipo especial de bestias. Es probable que Montaner los quiera para Venezuela, blanco central de sus malos sentimientos.

En todo caso, si se dan golpes de Estado en el subcontinente, como vaticina Montaner, y “si tenemos suerte”, habrá también nuevas guerras dentro de dos o tres décadas y ellas contendrán variadas expresiones de furia popular. Mencionar frívolamente esta realidad solo ocurre cuando se comenta producciones perversas, como las del dominical “intelectual” de La Nación S.A.

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