Toby: La última víctima de la desarticulación de los movimientos sociales contra la violencia en Costa Rica

El caso de Toby, el perro callejero que fue brutalmente golpeado por varios sujetos “desconocidos”, quienes luego procedieron a sacarle los ojos y tirarlo

El caso de Toby, el perro callejero que fue brutalmente golpeado por varios sujetos “desconocidos”, quienes luego procedieron a sacarle los ojos y tirarlo a la calle a agonizar durante 8 días antes de que lo auxiliaran dos rescatistas, ha despertado la indignación de cientos de miles de personas en nuestro país. Claramente, todas estas personas estamos hartas de la impunidad absoluta con que se encuentra la violencia y la crueldad animal en Costa Rica, entre otras cosas.

Al respecto, más que la furia impotente que sentimos −con justa razón− al presenciar semejante barbarie hacia un perro zaguate indefenso, más que las reacciones violentas de “hay que hacerle lo mismo a esos tal por cuales”, entendibles, más que las lágrimas que sé también hemos compartido, pues el duelo es necesario en estos casos, me gustaría que nos enfrentáramos al verdadero problema: la absoluta desarticulación de los distintos grupos de movimiento social que hacen activismo. El verdadero problema es que estamos gastando toda nuestra energía tirando para lados opuestos, cuando la realidad es que, si lo hiciéramos en conjunto, ya habríamos logrado, entre otras cosas, en referencia a Toby, la aprobación de la ley contra el maltrato animal, que las y los diputados han sido incapaces de concretar hasta el momento.

 

Me refiero a comentarios al estilo de “Cómo va a ser posible que un perro tenga más derechos que yo,” por parte de Marco Castillo, dirigente de Movimiento Diversidad. Esta postura divisoria y miope sugiere la supremacía de la especie humana sobre las demás especies animales, la competencia de distintos tipos de opresión y la necesidad de que yo, como lesbiana, tenga que escoger mi derecho al matrimonio igualitario sobre el derecho a una vida sin violencia ni crueldad para los tantos animales desprotegidos de Costa Rica. Me refiero a la gran cantidad de activistas feministas que luchan por los derechos de las mujeres, mientras participan activamente de la violencia normalizada hacia los animales no humanos en la industria de la carne, sin examinar sus prácticas de consumismo cómplice con el patriarcado capitalista. Me refiero a las y los defensores de los animales que no se detienen a cuestionar cómo nuestros derechos humanos, los rescatistas no heterosexuales que día a día trabajamos y sufrimos a su lado, somos objeto de discriminación y violencia día a día, tanto por el Estado como por la iglesia. Me refiero a las mujeres y los hombres que desprecian al movimiento feminista y que parece trabajan activamente para olvidar y desprestigiar los valiosos logros que hemos obtenido para todas y todos, pero que después se horrorizan ante casos tan atroces como el de Toby, sin darse cuenta de que nuestras marchas contra los femicidios y las violaciones impunes están directamente relacionadas con este otro tipo de violencia. Porque toda la violencia proviene del mismo lugar; no tengo por qué escoger en contra de cuál estoy. Estoy en contra de toda la violencia.

Y esto no se limita a Costa Rica; todo está relacionado, en todo el mundo. Pretender que estamos aislados de lo que ocurre mas allá de nuestras narices, nuestros barrios, nuestras fronteras, nuestra familia, nuestra orientación sexual, es una estrategia regresiva y ocultista que no ha hecho mas que aumentar los ratings de los estupidizantes programas de “tele-basura.” En Nueva Guinea queman viva a una mujer acusada de “brujería”, en California mujeres pagan para que cirujanos plásticos mutilen sus genitales por razones “estéticas”, en Somalia encarcelan a una víctima de violación por “difamar” al gobierno, en Costa Rica las piñeras les pagan a su personal con tiquetes para cambiar en la pulpería de la compañía a la Mamita Yunai, en Limón las jóvenes se salen del colegio porque las autoridades no las protegen de ser brutalmente violadas y asesinadas en el camino, y en Desamparados torturan y le sacan los ojos a un perro llamado Toby. Es momento de ver las conexiones, gente, de luchar en conjunto contra el totalitarismo brutal y violento del sistema patriarco-capitalista, de abrir los ojos ante la realidad, si lo que realmente queremos es un mundo justo, donde yo no tenga que escoger entre ser activista LGBTQ, activista por los derechos de los animales, activista ambientalista, activista feminista, o activista socialista. 

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