¡Todos son enemigos!

Perdido casi en nuestra sociedad, el sentimiento de solidaridad y apoyo mutuo, mejor descritos por Piotr Kropotkin en su trascendental obra

Por Álvaro Cordero Yannarella
Ph.D. exprofesor
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Perdido casi en nuestra sociedad, el sentimiento de solidaridad y apoyo mutuo, mejor descritos por Piotr Kropotkin en su trascendental obra La Moral Anarquista; hemos llegado al fracaso y a la derrota, manifiestos ya hasta en las cosas más elementales y rutinarias de la vida, como tratar de moverse sacando a pasear a la mascota para evitar el nocivo sedentarismo y no tener que hacer fila un quinquenio para ser atendido en la Caja.
Hace unos días nos referíamos a nuestra “flamante formación estatista”. Hoy, recordando las incidencias, o lo que suele ocurrir en cada pequeña caminata con el perrito –en la que les aseguro que suceden más cosas que en un viaje a Europa–, intento dejar constancia de ciertas consecuencias de esa “educación” y aprovechar para plantearle al lector una guía práctica para cuando camina por ciertos vecindarios olvidados de Dios y del Gobierno; aquellos, ¡casualmente!, donde no viven políticos.
Todo lo que pase en este pequeño paseo es obligatorio haberlo olvidado para emprender el próximo al siguiente día, y se vuelve a la rutina esperando que el “disfrute” por venir sea mejor que el anterior. Lo cierto es que al final del “esparcimiento”, por las razones que apuntaremos, se siente uno como aquellas personas impotentes, mudas y subordinadas que mencionaba Kafka en El Proceso.
Se camina por la orilla de la calle, porque no hay aceras, ¡qué va a haber! El botín municipal no da para tanto. Semáforos, cebras para peatones o barreras protectoras sería pedir demasiado. Hay que jugársela sin perder la cordura, esquivando locas, locos, buses y obuses. A veces hay vestigios de aceras; pero son demasiado angostas o la calle es demasiado ancha y se las tragó. Siempre tienen trampas, –¡no rampas!– especialmente diseñadas: huecos, picos, salientes… En fin, hay que meditar cada paso, más alerta que atravesando terrenos minados.
¡Concéntrate mucho; caminante, no hay camino…! Cada cosa que se mueve es un misil potencialmente dirigido a tu persona o a tu perro, evítalo a tiempo y trata de esquivarlo. Si te topas con otro “cristiano” que no es tu vecino, o conocido, y no se identifica, ¡es tu enemigo, salvo prueba en contrario! Porque la guerra es total.
Cuando hay sujetos conversando en tu senda, no quedes en ridículo diciendo “¡compermiso!” para pasar entre ellos, como antes… ¡Ah tiempos! Ya eso no se usa, y está la gran probabilidad de que estén allí para asaltarte. Cambia de orilla de calle o rodéalos, ¡rápido, muy vivo y de larguito!
Si un taxista malcriado u otro energúmeno te grita para que cruces más ligero la calle: “Póngale, viejo carep…!”, no te enojes, ¡nunca te enojes!, ¡te tragan vivo! Si no te atropelló y estás ileso, ni vuelvas a verlo, porque te para el dedo medio. Olvídalo y clasifícalo para el próximo, igual que Darwin clasificaba los gusanos.
Siempre es mejor que embozales a tu perrito, puede comer salchichón envenenado que abunda, hecho por maleantes cobardes de la más baja ralea que sienten placer envenenando a esas criaturas; aunque, aquí entre nos, –si lo cuentas me quito– se dice que la misma policía, es decir, el Estado, ¡nuestro peor enemigo!, es quien lo está haciendo para acabar con los zaguates. Lo han hecho en otras ocasiones, ¿Por qué no ahora?
Las motos y autos conducidos por trogloditas, que ruedan por lo que se considera la acera, son los peligros más difíciles de esquivar, pero hay que tratar de hacerlo. A veces te caen por detrás, ¡no descuides tu trasero!, puedes perder en un segundo lo que has cuidado toda tu vida. Debes caminar buscando siempre una vía de escape: un árbol, la puerta de una casa, una tapia escalable, un hueco de alcantarilla para consumirte, cuando se han robado la tapa… Y debes también estar atento para salvar a tu único amigo, ¡no vas a permitir que te lo atropellen!
Recuerda que tampoco hay policía si piensas requerirla. Arrástrate mientras puedas y busca ayuda oportuna por tus propios medios. El 911 es una broma de mal gusto, no pierdas tu tiempo, y la policía, si es que aparece, lo hace, ¡ya se sabe!, como en las películas, cuando todo ha pasado… Bueno, por lo menos identifican tu cuerpo; por eso no olvides portar tu cédula al día.
Después de tu apacible y placentera caminata, solo espero que regreses totalmente desestresado y feliz.

¡Paseando con mi zaguate,
Por la acera “protegidos”,
En un pequeño descuido
Casi perdemos la vida,
Por una moto suicida
En manos de un malparido!

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