Tomarse en serio

El punto magro sigue estando en las páginas de opinión. No viene al caso referirse a los artículos de sus columnistas de planta o

Existen muestras diarias de que el periódico “La Nación S. A” ha cambiado para mejor su perfil informativo con la dirección de la periodista Yanancy Noguera. El medio sigue sin darse un periodismo social y políticamente balanceado que informe a sus lectores sin inducirlos, pero sus esfuerzos de investigación han extendido la cobertura y la calidad de los reportajes y también se advierte la voluntad de cubrir con mayor propiedad la realidad nacional ‘oficial’, o sea la determinada por las acciones del Gobierno y los grupos y personajes dominantes del país y del ‘orden’ mundial. Mantiene debilidades, como el área de deportes, su Teleguía y Revista dominicales (esta última busca cómo mejorar), pero, para un medio con prontuario conservador y comercial, producido en un país sin ciudadanía efectiva, y que hoy se precipita política, ideológica e institucionalmente en caída libre, el diario procura  afinar cual orquesta del Titanic. Con tanta marea, no sale fácil. Menos todavía si se es parte del problema.

El punto magro sigue estando en las páginas de opinión. No viene al caso referirse a los artículos de sus columnistas de planta o a las intervenciones de sus colaboradores en lo que La Nación S. A. califica de “Foro”, sino a sus editoriales, es decir los textos que expresarían la línea del periódico, y de sus propietarios, en asuntos significativos para el lector. No se critica aquí tampoco el posicionamiento básico. El medio es conservador y neoligárquico y así se inscribe en la dinámica actual de los factores que determinan el carácter de la mundialización en curso. El reparo proviene tanto del sesgo aldeano como agresivo/grotesco de varios de sus editoriales. Al tratarse de la opinión del periódico, forma y contenido se juzgan por sus presentaciones más infelices. Es el medio escrito más influyente en el país. Sus peores versos hacen parte del rostro de Costa Rica.

Refiramos dos agruras de este espejo. El 31 del agosto pasado, el editorial tuvo como título “Inocentes agredidos”. Se ocupó del cierre de vías  provocado por los vendedores de autos usados a quienes el periódico atribuye el deseo de “dictar políticas tributarias”. Los comerciantes, en cambio, dicen defender sus empresas y, con ello, su trabajo. Pero el punto central es otro. Para el editorialista, los cierres de vías generan víctimas y agredidos que son “….personas inocentes, obligadas a sufragar el precio de la arbitrariedad. Son una modalidad del rehén, y, solo si la Administración paga el rescate, cesa su sufrimiento”. Así, un cierre de vías se torna rapto o secuestro, delito mayor. Giro abusivo que busca estigmatizar a un grupo de empresarios, hacerse grato a otros sectores y a presionar al Gobierno para que utilice garrote policial y jurídico contra quienes podrían argumentar que sus negocios son “rehenes del gobierno”. Manifestarse en las calles no hace delincuente a nadie.

El editorial podría preguntarse más bien por qué diversos sectores sociales, jamás banqueros ni exportadores, privilegian las calles para sus reclamos. ¿No cargan responsabilidad política aquí los partidos (inexistentes, por lo demás), el Gobierno y también el periódico y sus dueños?

La segunda fechoría es del 6 de octubre reciente. Su título: “Actuar con seriedad”. Versa sobre la pugna entre la Casa Blanca de Estados Unidos y la oposición republicana, azuzada por el Tea Party, en la Cámara de Representantes, choque que condujo a la posibilidad de un cese de pagos a la administración central de ese país. El editorialista pone en un mismo plano a la administración Obama, los parlamentarios demócratas y republicanos y al Tea Party. Este último es un  grupo vociferante que hace de su ignorancia declarada bandera política y que, en este caso, quiso “tomar como rehenes”, para usar habla conocida, a todos los otros actores políticos de EUA. El editorial pide a Washington “…actuar con seriedad”.

La única “seriedad” en este caso pasaba por la derrota política del Tea Party. Fue lo que ocurrió. El editorial quería que la salida transitase por un  pacto con esa minoría irracional y egoísta que se jacta de serlo. Nada juicioso.

Si el espíritu de Darth Vader desapareciera para siempre de la línea editorial de La Nación S.A., la dirección de Yanancy Noguera alcanzaría otra luz. Determinarse conservador, plutócrata y neoligárquico no pasa obligatoriamente por la infamia populista de la agresión en despoblado ni por el abandono patético o cómico de toda racionalidad. Esto último está entre los peores signos de estos mercantiles tiempos. Mejor no alentarlo.

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