El círculo presidencial resiste el embate

Melvin Jiménez (derecha), Mariano Figueres (tercero de derecha a izquierda) y Luis Guillermo Solís (cuarto de derecha a izquierda) en el acto en que

Melvin Jiménez (derecha), Mariano Figueres (tercero de derecha a izquierda) y Luis Guillermo Solís (cuarto de derecha a izquierda) en el acto en que el partido de Figueres, Alianza Patriótica, le dio su adhesión al PAC. (Foto: Katya Alvarado)

Al terminar la jornada del pasado 8 de mayo, el presidente Luis Guillermo Solís mostró al país su ajedrez terminado: colocó a sus hombres de confianza en la Asamblea Legislativa (Víctor Hugo Morales Zapata), en el ministerio de la Presidencia (Melvin Jiménez) y en la Dirección de Inteligencia y Seguridad –DIS– (Mariano Figueres).

Dos de ellos venían golpeados desde la campaña: uno por las corrientes internas del PAC y otro debido a su condición de ministro Luterano. El tercero asumió una entidad profundamente impopular y cuestionada, pero Solís venía respaldado por el mandato sin precedentes de 1,3 millones de votos.

Cien días después, ese círculo de confianza se mantiene en su puesto, pero para sostenerlo ahí el Presidente ha debido echar cuerpo de su músculo político, acuerpando a su equipo una y otra vez.

Desde el primer día, sus hombres clave estaban minados: la designación de Jiménez como ministro de la Presidencia aún depende de que la Sala Constitucional considere procedente que siendo obispo luterano ocupe esa cartera, Morales Zapata estaba exiliado de la fracción por la Asamblea Nacional del Partido Acción Ciudadana (PAC) y el anuncio de Figueres destapó reclamos desde que Solís lo hizo público, en parte por la posición histórica del PAC de que es necesario cerrar la DIS.

Figueres, Jiménez y Morales Zapata son los más visibles miembros del círculo de confianza del mandatario, un club incierto y borroso, sin gafete de afiliación o planilla en Casa Presidencial, pero cuyos vínculos con el mandatario se remontan a tiempos anteriores a Zapote.

«(El círculo) no es necesariamente político ni ideológico, el Presidente está rodeado de personas que no necesariamente comulgan con su propuesta programática. No se hizo rodear de socialdemócratas como lo es efectivamente Solís, ni de progresistas, como lo son quienes lograron volcar la balanza en el pasado congreso ideológico, ni son gente pro-PAC o que vienen de las bases del PAC.  Son gente que él percibe casi como sus hermanos», explica el analista político Gustavo Araya.

Poner cerca a gente de confianza es un acto instintivo de los presidentes. Óscar Arias fue inseparable de su hermano Rodrigo y tuvo en la Asamblea la mano amiga de Franscisco Antonio Pacheco, mientras que Laura Chinchilla tuvo siempre cerca a René Castro (Cancillería y Minae) y a sus amigos de estudios universitarios Francisco Chacón (diputado y luego ministerio de Comunicación) y Anabel González (Comercio Exterior).

Arias terminó su gobierno con su hermano y Chinchilla perdió figuras a mitad de camino, pero sostuvo a Castro y a González a pesar de que para ello tuvo que pagar un alto costo político.

¿Cómo llegó entonces Luis Guillermo Solís a tener cuestionados a uno de sus operadores legislativos y a su hombre fuerte del Ejecutivo con solo tres meses de gobernar?

La oposición vino desde muchos frentes, algunos de los más enconados están dentro del propio partido. En setiembre de 2013, la Asamblea Nacional del PAC ratificó con 39 votos la recomendación que hizo Solís para darle el tercer puesto por San José a Morales Zapata, pero lanzó una advertencia cuando 15 asambleístas votaron en contra. Ningún otro «recomendado» tuvo tantos peros.

En enero de 2014, cuando se trató de excluirlo luego de acusaciones sobre un trámite financiero ocurrido veinte años antes, la Asamblea fue más clara: 47 votos a favor de apartarlo, uno en contra y seis abstenciones. Zapata, aunque resultara electo, estaría fuera de la fracción del PAC en el Congreso  y Luis Guillermo Solís perdía un hombre clave de su camino a Zapote.

Esta campaña por la presidencia inició con un grupo de colaboradores cercanos a Solís. Eduardo Trejos (ahora Vicecanciller), Hárold Villegas (viceministro de Trabajo), Carlos Alvarado (Presidente del IMAS) y Alberto Salom (dedicado a la academia). Morales Zapata y Melvin Jiménez se unieron durante el proceso de precampaña junto a otros dirigentes del PAC, como Felicia Cuevas y Juan Manuel Villasuso.

Jiménez asumió la jefatura de campaña en agosto de 2013, un puesto que antes había ocupado Felisa Cuevas. El obispo luterano tenía como experiencia política formal la coordinación de la campaña a alcalde del moraviano Édgar Vargas en 2006, pero se ganó la confianza de Solís, a quien conoció como estudiante en el Colegio Metodista.

Esa posición ha sido clave en la transición de la campaña al Ejecutivo: Rodrigo Arias pasó de jefe de campaña a ministro de Presidencia y René Castro, desde la misma posición saltó a la Cancillería.

«Siempre es normal que el presidente que llega, llega con un círculo de confianza,  que siempre se coloca en puestos clave»,  asegura el politólogo Daniel Calvo.

Pero cuando Luis Guillermo Solís anunció que Melvin ocuparía el ministerio de la Presidencia, la transición fue menos fácil: el abogado Álvaro Orozco interpuso un recurso de inconstitucionalidad que todavía la Sala IV no resuelve.

El otro hombre cercano a Solís es Mariano Figueres, hijo del expresidente José Figueres Ferrer y exliberacionista, como el mandatario. De hecho, ambos renunciaron juntos del Partido Liberación Nacional en 2005 y su carta de renuncia está firmada en la finca La Lucha, propiedad de la familia Figueres.

Tras intentar –sin suerte– establecer una alianza opositora al PLN de cara a las elecciones del 2014, Figueres dio su apoyo al candidato del PAC y se integró al comando de campaña. Tanto él como Melvin Jiménez estuvieron en casa de Luis Guillermo Solís cuando Johnny Araya desistió de continuar la campaña por la presidencia. Apartado del Partido, Morales Zapata no pudo estar.

Esa tarde estaban muchos otros también cercanos a Solís, como sus vicepresidentes Helio Gallardo y Ana Helena Chacón, Carlos Alvarado del IMAS, Olga Marta Sánchez (ministra de Planificación) y Carmen Muñoz (viceministra de Gobernación).

Mención aparte merecen dos de los presentes esa tarde de marzo: Iván Barrantes, estratega de campaña y asesor cercano al presidente, quien salió expulsado de la Casa Presidencial tras revelarse que colaboraba con el Ejecutivo y además con firmas privadas; y Mercedes Peñas, su compañera.

Ella, mucho más discreta que los demás, es además su «cable a tierra», según aseguraron varios colaboradores durante la campaña. Especializada en gestión de gobiernos locales, asumió con la nueva administración proyectos de fomento municipal, alejada de las cámaras y con mucho menos músculo político que el jerarca de Presidencia o el dueño de una curul en Cuesta de Moras.

Cien días lleva Luis Guillermo Solís en Zapote y todavía tiene su equipo de confianza cerca. Aparte de ellos, decenas de hombres y mujeres empujan la carreta del Gobierno, convocando sesiones, apresurando a secretarias y firmando decretos; en fin, gobernando, pero con menos palos entre las ruedas y menos golpes por el camino.

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