Qué hay de viejo

En 1998, cuando se cumplía medio siglo de la única guerra civil que registra la historia de Costa Rica, el escritor y periodista cubano

Volando bala 1948

En 1998, cuando se cumplía medio siglo de la única guerra civil que registra la historia de Costa Rica, el escritor y periodista cubano Nicolás Pérez Delgado publicó un libro que se volvió imprescindible para el estudio de ese hecho histórico. Se trata del conjunto de 33 testimonios de la guerra, reunidos en la forma de una crónica. Pasaje tras pasaje, los hechos ocurridos entre el 12 de marzo y el 28 de abril de 1948 son narrados por los propios protagonistas, ofreciendo la posibilidad, inédita hasta entonces, de conocer el mismo momento narrador por personas que los vivieron en bandos opuestos.

Luego de una extenuante labor recogiendo documentos, leyendo libros, pero, ante todo, entrevistando testigos, el escritor se dedicó a armar la historia cronológicamente. Tras muchas horas de grabación, montañas de transcripciones y constataciones en archivos y documentos, tenía construida una crónica de la guerra. No de las razones o motivos políticos ni de las consecuencias sociales, políticas o económicas, sino sobre un agitado presente continuo, vertiginoso, apremiante, que dejaba ver, por fin, un aspecto de la guerra que solo quienes la habían vivido conocían, pero cada uno contaba por aparte con su propia e inevitable distorsión subjetiva.

Este libro, sin embargo, no pretendía una objetividad, sino una reunión de subjetividades, articulando distintos puntos de vista y vivencias sobre los mismos hechos. El resultado ahí está: un volumen de 350 páginas, de portada negra con un título provocador Volando bala 1948.

Casi la totalidad de los testimoniantes ya ha fallecido, por lo que este quizás es el único documento donde consta su versión.

La forma en que se cuenta la guerra en este libro es la de una memoria que ya empieza a debilitarse; casi todos superaban los 70 años de edad, pero muchos momentos son vívidos, intensos, como solo los podría contar quien vivió esos instantes como los más intensos de su vida.

En menos de siete semanas, Costa Rica había sido devorada por la brutalidad de una guerra fratricida que repartió luto, dolor y rencores en todos los hogares del país. La intolerancia y la zozobra habían llevado la sangre al río.

Los que habían estado ahí recordaban la contienda incesante en que se vieron envueltos. Un bando y el otro lo hicieron con profunda convicción y amor por su país, pero el ruido de las balas apagó las voces de la razón, una espiral de violencia se desató como un torbellino que se tragaba todo.

Algunos de los momentos narrados son de una crudeza escalofriante. ¿Cómo en tan poco tiempo se vivió tanto horror? Cadáveres incinerados porque se amontonaban en las calles, mutilaciones, asesinatos de prisioneros capturados, la brutalidad desatada por dolores demasiado cercanos.

Los testimonios reunidos en este libro son un pasaje a los hechos trepidantes que se vivieron en esos días, pero al mismo tiempo son un retrato de la forma en que esta sociedad lo vivió. En medio de terribles hechos, se cuentan también gestos heroicos, solidarios, valientes, con un gran sentido de humanidad.

Al rescatar el lenguaje y las expresiones de los testimoniantes, se logra dibujar con precisión la idiosincrasia costarricense.

Volando bala 1948 no solo conlleva su indiscutible valor histórico, sino que tiene gran calidad literaria y como trabajo de investigación periodística es un ejemplo de lo que se puede lograr en una crónica sobre un pasaje de la historia.

La edición de este libro corrió por cuenta de su autor, por lo que es muy difícil de encontrar algún volumen en librerías.

Quizás en algunas bibliotecas pueda encontrarse algún ejemplar, pero quienes disfrutan escarbando en librerías de viejo pueden encontrarse con este pequeño tesoro. Eso sí, lo ideal sería que tuviera una segunda edición que lo rescate del olvido.

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