¿Qué hay de viejo?

Buscar en las librerías de libros usados o de viejo es una aventura cargada de sorpresas y de riquezas para aquellos que atesoran los libros.

Buscar en las librerías de libros usados o de viejo es una aventura cargada de sorpresas y de riquezas para aquellos que atesoran los libros. Tienen más aire de biblioteca que de librería, por eso atrapan la curiosidad de los que aman el libro más por su valor de uso que por su valor de cambio. De ahí que hemos creado esta sección para referirnos a algunos textos que atraparon nuestro interés, pero que, posiblemente por tratarse de ediciones pequeñas, temas puntuales o editoriales emergentes, se volvieron ilocalizables, incluso en bibliotecas públicas.

Así que, en adelante, hablaremos de libros que captaron nuestro interés en un golpe de vista, y luego su lectura mostró que tenía una vigencia que merece traerlos a cuento.

El lamentable rumbo que ha tomado el periodismo contemporáneo, víctima de la superficialidad, la inmediatez, la intrascendencia y el espectáculo, ha hecho que los géneros mayores de esa disciplina, la crónica y el reportaje, tiendan a desaparecer.

En 1984, le Editorial Universitaria Centroamericana (Educa), publicó un libro con el título escueto de Reportaje en El Salvador. La realidad convulsa de aquello años de fin de siglo en Centroamérica hacia que no necesitara nada más para atraer la atención del lector.

El autor era el periodista Gilberto Lopes, quien como corresponsal internacional se había metido de lleno en la investigación y reporte del conflicto centroamericano. Primero en el proceso de insurrección en Nicaragua y la consecuente guerra de la “contra”, luego en la guerra civil en El Salvador.

Pero eran años de Guerra Fría y los grandes medios de información comerciales asumían abiertamente una visión tendenciosa del conflicto a favor de las fuerzas gobernantes. Cubrir periodísticamente un conflicto de esa naturaleza requiere manejar muchas fuentes, ubicar los escenarios políticos para tener una visión de contexto, involucrarse directamente en los hechos y tener como prioridad informativa el aspecto humano de los hechos.

Gilberto Lopes fue testigo de la evitable ascensión de Roberto D’Aubuisson y su partido Arena y de la consolidación y triunfo de José Napoleón Duarte y el Partido Demócrata Cristiano, mientras el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) acumulaba fuerzas en la guerra civil más allá de los procesos electoreros.

En la década de 1980, Centroamérica era una zona clave en el escenario geopolítico internacional. Los medios de comunicación de todo el mundo seguían día a día lo que ocurría en Nicaragua y El Salvador. Los combates finales de la Guerra Fría se libraban en Centroamérica. La obsesiva agresividad de Ronald Reagan y su gobierno eran como una garra clavaba hasta el corazón de los pueblos centroamericanos. La tradicional imagen de hacer ver a Centroamérica y el Caribe como su “patio trasero”, no podía ceder en ese momento.

Por eso era muy importante para entender el conflicto centroamericano de entonces, y el de El Salvador en particular, analizar y entender el juego de intereses y acciones políticas del gobierno, sus aparatos de inteligencia y las fuerzas armadas de los Estados Unidos en la región.

Lopes dedica parte importante del análisis a este aspecto, sin el cual es muy difícil entender el proceso que estaba ocurriendo en la región y permite hoy, al retomar esta lectura, repensar mucho de lo que entonces ocurría y quizás plantearse nuevas preguntas acerca de lo que ocurre hoy.

Los dos grupos políticos que entonces el gobierno norteamericano señalaba como la gran amenaza, el caos, el enemigo que había que combatir a costa de la sangre y fuego que fuera necesaria, pues si alcanzaban el poder y se sostenían en él traería la desgracia para la región y pondrían en peligro la democracia en el mundo, hoy gobiernan sus respectivos países e incluso reciben apoyo y ayudas de Estados Unidos.

En su Reportaje en El Salvador, Gilberto Lopes con un estilo apasionante de crónica periodística revela juegos de intrigas políticas e intereses externos que azuzaban el conflicto. Pero otras veces se adentra en las vivencias de los guerrilleros, en la forma en que el pueblo salvadoreño padeció el proceso.

Como reportero de guerra, Lopes se involucra en los hechos para informar de primera mano.

Precisamente, según indica el colofón, el libro se imprimió en abril de 1984, fecha en que el autor fue víctima, junto con otros periodistas del terrible atentado ocurrido en La Penca, Nicaragua, mientras cubría una conferencia de prensa con un líder de la “contra”.

Gilberto Lopes sobrevivió a ese atentado, cosa que no lograron varios de sus compañeros, quienes se sumaron a los miles de centroamericanos devorados por la guerra.

No cabe duda de que este libro merece ser rescatado, no solo por el tema que trata, cuya actualidad radica en la necesidad de interpretar correctamente el proceso centroamericano, sino porque además constituye una de las mejores obras en un género que lamentablemente cada día tiende a desaparecer en los medios de comunicación.

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