Estreno de la Compañía Nacional de Teatro: Hace millones de años, un pez…

Desaire de elevadores es una gran metáfora sobre la soledad de las personas y su imposibilidad de comunicarse. (Foto: Lady Montero)La culpa la tuvo

Desaire de elevadores es una gran metáfora sobre la soledad de las personas y su imposibilidad de comunicarse. (Foto: Lady Montero)

La culpa la tuvo un pez, un estúpido pez que se salió del agua para poblar la Tierra. Cómo este acontecimiento prehistórico impacta en la vida solitaria de ocho personas, que viven en un edificio de apartamentos en plena ciudad postmoderna del siglo XXI, es el punto de partida de Desaire de elevadores, bajo la dirección de Gustavo Monge, producida por la Compañía Nacional de Teatro (CNT).

El proyecto del montaje, basado en la dramaturgia del mexicano Alberto Villarreal (1977), fue ganador del X Concurso Nacional de Puesta en Escena 2014 de la CNT; luego de dos meses de producción y ensayos, está listo para estrenarse este jueves 13 de noviembre, en el Teatro de La Aduana.

El elenco está compuesto por los actores Liubov R. Otto, Jonnie Obando, Antonio Rojas, María Chávez, Laura Cordero, Winston Washington, Arturo Campos y Amanda Rodríguez, quienes interpretan personajes cuyos nombres son el número de apartamento que habitan o no habitan. Así son la 401, la pareja del 403, el 404, la 405, el 408 y la Noinquilina, es decir aquella que no convive en el edificio, la ‘outsider’, el otro/la otra.

La obra muestra, con lenguaje poético y líneas de acción fragmentadas, las vidas de estos seres que sufren insomnio y se reúnen por las noches en el apartamento 401 para conversar. “Todos se trastornan con la idea de que su melancolía nace con el origen del mundo”, resumió Monge, quien interpretó el texto como una gran metáfora de nuestras sociedades, en las cuales las personas se juntan a estar solas.

POESÍAS MÚLTIPLES

El director costarricense Gustavo Monge −del grupo Sotavento− vive en México, donde es creativo de una firma de entretenimiento. Hace dos años vio Desaire de elevadores en Guadalajara y le pareció un texto “maravilloso, potente, divertido e inteligente”.

La obra le quedó dando vueltas como objeto del deseo y la guardó en una maleta para un posible proyecto, hasta que se decidió a enviarla al concurso de puesta en escena. El resultado: el jurado votó de forma unánime a su favor.

Sotavento sigue estando en la raíz del montaje, pues participan Sally Molina, a cargo de la asistencia de dirección, Mario Corrales, compositor de la música, y Lady Montero, encargada de redes social en Internet.

De sus compañeros de grupo, Monge dijo que “fueron las únicas personas que tomaban en serio cuando yo decía que quería dirigir”; 14 años después, es el director más joven que ha ganado el concurso de puesta en escena de la CNT, y su agrupación fue galardonada con el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría a “Mejor grupo de Teatro” 2011, ha ganado 3 Proartes y un Iberescena.

En Desaire de elevadores también lo acompañan Mariela Richmond, a cargo del espacio y el diseño gráfico, Christopher Núñez, del movimiento plástico, Alejandro Monge, de multimedia y diseño interactivo, Rafa Ávalos, del concepto de iluminación, y Julio Arroyo, de maquillaje y peluquería.

Para Monge, estas colaboraciones son fundamentales para la construcción escénica del texto, proceso que denominó como poético.

SEDUCIR PÚBLICO JOVEN

La poética que propuso Monge junto con sus colaboradores es multidisciplinaria: incorpora la danza, el canto, la música y el vídeo (‘mapping’) para crear una interacción con el público mediante diversos focos de atención.

Por ejemplo, mientras un actor o una actriz dice un texto monologado, el elenco construye imágenes grupales, así como pequeñas acciones o movimientos individuales, que lo acompañan simultáneamente.

Monge detalló que el montaje posee esta conceptualización, pues está dirigido a jóvenes. “Queremos atraer nuevos públicos al teatro, siendo parte de nuestra meta espectadores de 16 a 25 años con smartphones”.

De acuerdo con Monge, en las funciones se le va a solicitar a la audiencia que enciendan el celular, y tomen fotos y videos. “No queremos trabajar a partir de las negaciones, porque además es muy divertido que usen la tecnología a favor de la puesta”, enfatizó.

De la mano con esta visión, la publicidad del montaje en redes sociales como Facebook es novedosa, en comparación con el abordaje tradicional de la mayoría de las obras en cartelera.

La campaña, basada en videos cortos de testimonios del equipo de Desaire de elevadores y en fotografías de los personajes y gráficas con frases provocativas, está pensada para ser recibida con el celular. “Aún se diseña la comunicación digital como si se consumiera en computadora”, se sorprendió Monge, quien aseveró además que hoy en día nadie lee un periódico impreso.

Como objetivo final, Monge quiere “provocar cosas específicas, generar un código estético que sea disfrutable, que genere discusiones, que el espectador salga peleado”.


Voces del cardumen

María Chávez interpreta la mujer de la pareja 403 y, según comentó, la experiencia ha sido muy diferente a la de toda su vida actoral.

“Fue un proceso muy loco, porque soy la más vieja del elenco, y hay una manera generacional sobre cómo enfrentar el trabajo”, detalló. En adición, consideró el texto “súper poético… es como ver un cuadro abstracto”.

Chávez le dio sentido y lógica a partir de las imágenes, de las sensaciones, para luego pasarlo a la palabra.

Por su parte, Mariela Richmond expresó que tuvo que contextualizar la obra a Costa Rica, en donde las distancias verticales son distintas a las de México. Por eso, propuso un espacio en donde prevalecen el blanco, el azul y el rojo, que permitiera jugar con la lluvia, que los actores pudieran esconderse, escampar, ya que “estamos tan acostumbrados al agua”.

Para la artista, lo más importante era generar la apropiación de ser un cardumen y contraponerlo a un lugar focalizado en 5 apartamentos diferentes, con características propias marcadas de manera sutil. “La idea es que dialogue con los actores, provocándolos”, puntualizó.

Para la cantante y actriz Amanda Rodríguez, la obra le significa volver a las tablas, pues hace 3 años fue la última vez que participó en un montaje, dirigido por el mismo Monge. “Será por la maldita circunstancia del agua por todas partes”, canta con voz potente Rodríguez.

“El espectáculo va dirigido a un público que está acostumbrado a muchos estímulos y para el actor es un trabajo que requiere desarrollar herramientas más allá de la interpretación por su carácter multidisciplinario”, agregó.


Para subirse al ascensor

Qué: Desaires de elevadores, de Alberto Villarreal.

Cuándo: Del jueves 13 de noviembre al domingo 7 de diciembre.

Dónde: Teatro La Aduana.

Funciones: Jueves a sábado, 8 p.m. Domingos doble función: 3 y 5 p.m.

Entradas: ¢5.000 general; ciudadanos de oro y estudiantes con carné ¢2.500.

Contacto: Tel. 2257-8305


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