Yaco: “Si no me gusta algo, lo digo”

Yaco en concierto en Guápiles, el pasado mes de marzo. (Foto: tomada del Facebook oficial de Yaco)Yatsel (Yaco) Domínguez, de 33 años, se escucha

Yaco en concierto en Guápiles, el pasado mes de marzo. (Foto: tomada del Facebook oficial de Yaco)

Yatsel (Yaco) Domínguez, de 33 años, se escucha “tiquiciado y con un acento cubano rarísimo”, como él mismo dice con una sonrisa pícara, mientras toma un sorbo de café.

Sencillo, humilde, ocurrente y atento con los amigos, así es Yaco, como se hace llamar. Camiseta negra y pantaloneta de mezclilla, Yaco es un tipo de esos que no se complican pues lo mismo le da esa ropa para ir a comprar pan que para subirse a un escenario.

Su canción “Welcome to Paradise” lo dio a conocer en el 2011. Su éxito lo convirtió en el primer rapero que en Costa Rica ha logrado vivir del rap. Asegura que lleva ya dos años comiendo de su música; no ha sido un camino fácil porque con este ingreso debe mantener a su esposa y a su hija Rachel, de 13 años.

Su irreverencia lo caracteriza y se refleja en su rap, que ha echado al hueco a políticos, a programas de televisión y a instituciones, y ha hecho reír con canciones como “En Bus” y la más reciente “Yo soy piso´e tierra”.

Aquí aprendió a arrastrar las erres, en Cuba le enseñaron a tocar el bongó. Desde los 14 años, hace música que mueve neuronas. A esa corta edad sonó en las radios cubanas como el principal compositor del grupo de música tropical cubana Havanna Free. Ahora rapea solo, pero no por mucho tiempo.

¿Era igual de irreverente de niño, en Cuba?

− Siempre he sido como soy ahorita. Si no me gusta algo, lo digo. En Cuba pasaba igual. Mi niñez fue muy ambigua, porque mi familia por parte de padre era comunista y comprometida con el gobierno; por parte de madre todo lo contrario, una familia que estaba en contra del Sistema. Me crié así, no sabía la ubicación mía ideológica. En mi adolescencia, comencé a ver sufrir, todo lo que pasaba cuando le limitan las necesidades básicas a uno como pueblo (…) Hambre, literalmente. Esa fue la causa principal por la que decidimos salir.

¿Cómo lograron irse?

− Mi mamá se casó con un tico. Un negocio que se hizo. El tico fue y la reclamó a ella, en ese tiempo era más sencillo salir de Cuba así. Igual fue muy complicado, porque mi papá no me daba el permiso. ¡Dios guarde su hijo saliera de Cuba! Lo irónico de esto es que mi papá ahora está en Perú, casado con una peruana.

¿Cómo fue la transición de Cuba a Costa Rica?

− Con 15 años me vine. Al principio hubo mucha necesidad. Mucha. Nos tocó dormir en la calle a mi mamá y a mí. Pasamos dos días durmiendo a la par de un cafetal, en un parqueo en San Antonio de Coronado. Una familia de ticos muy buena gente prácticamente nos recogió. Ahí comencé a bretear, mi mamá también. Fuimos levantando poco a poco. Mi mamá se fue para Estados Unidos; yo me quedé e hice mi vida aquí.

De niño tuvo un grupo musical en Cuba. ¿De ahí salió Yaco, el rapero que hoy conocemos?

− (Ríe) No sé. En Costa Rica toqué con un grupo de música cubana que se llamaba Melao Son. Ahí comencé a tocar “percusioncita” y a cantar coros. A veces estábamos tocando y yo me ponía a rapear varas, chingando. Un día, al pianista del grupo le dieron un estudio de grabación en Coronado centro para que lo manejara. Como yo vivía cerca me dijo: “¡Véngase para acá, para ver cómo suena!”.

¿Y cómo sonó?

− Eso fue hace como 7 años. El asunto es que yo en ese tiempo trabajaba en Vértigo, la tienda de música. Llegué al estudio con el bongoecito y me dice el mae: “no, no el bongó no. Lo que quiero es que te rapeés unas loqueras”. Grabé un par de piezas. Una se llamaba “En mi barrio” y otra “Metiendo presión”. Era puro rap latino. Un fin de semana puse la musiquilla para que los compas escucharan en la tienda. Me dijeron que qué bueno y lo que pensé fue: “lavahuevos” (carcajada). Pero en eso entraron clientes: “¿Cuánto vale? Me lo llevo”. Y yo pensé que podía funcionar. La música siempre la tuve como un hobby. Creo que todavía no me lo he llegado a mentalizar como algo más.

¿Cómo surgió “Welcome to paradise”?

− “Welcome to paradise” se me ocurrió una noche que estaba en Jacó. Me quedé solo toda la noche en un apartamento y escribí dos canciones: “Welcome to paradise” y “Chamaco”. La semana siguiente grabé “Welcome” con un compa. Para ese momento yo ni Facebook tenía. Como a los cuatro meses de eso, me abrí un perfil y una semana después me escribió Jair Cruz. “Yaco, su pieza está sonando aquí en la radio y lo queremos invitar a una entrevista”. Lo primero que pensé fue: “¿Cuál pieza?” Ni por la mente me pasó que fuera “Welcome”, porque dice lo bueno y lo malo de Costa Rica. Ahí comenzó todo. Hasta el momento ninguna producción me ha costado un cinco. El video lo grabamos con un amigo productor que me ayudó. Todo ha sido por la gente que ha creído en el proyecto. Soy un obrero, no tengo plata y la que me entra es para los gastos de la familia.

¿Cuál ha sido su concierto favorito?

− Los que hago en la UCR, por el público. He tenido conciertos ante 10 000 o 15 000 personas en Palmares o Zapote, con personas que están en el ride de bailar y tomarse las birras. Nadie está para escuchar nada. La música mía es para escuchar la letra, lo que estoy diciendo.

¿Qué pasó con sus planes de hacer un grupo musical? ¿Siguen en pie?

− ¡Viera cómo cuesta hacer un grupo aquí en Costa Rica! Pero creo que ahora sí lo logre. Estamos trabajando con el productor y baterista Andy Valverde, conocido por haber sido baterista del grupo Los Govinda y de Mechas. Va a ser el batero del grupo. También estamos con Vernny Argüello, el guitarrista líder de Fuerza Dread. Son los dos cabecillas que están de momento asegurados. Ya grabamos las maquetas. Tenemos 14 piezas. El proyecto puede estar listo en 3 o 4 meses, pero vamos a esperar a fin de año para lanzarlo, aprovechando las vacaciones y el verano.

¿Ya tienen nombre?

− Nos llamamos La Mala Calaña. A mí me gustan esos nombres así con ‘ñ’, porque solo están en el idioma nuestro, además del significado del típico dicho “no se junte con esa mala calaña” (ríe). Seremos 7 músicos para empezar. Va a ser como la misma loquera que he hecho: voy a rapear, pero sobre ska, sobre cumbia y cualquier cantidad de fusiones. Incluso va a haber tres piezas en donde no rapeo, canto. No soy Marc Anthony (ríe), pero ahí las tonalidades afinan bien. Va a tener crítica social, mucha pieza con letra doble sentido, mucho humor. Vienen dos o tres piezas con temas bien polémicos: el aborto, la homosexualidad. Estoy juntándome con artistas mucho más conocidos que yo y siento que eso va a ayudar.

¿Quiénes se apuntaron?

− En Nicaragua, Perro Zompopo. Por aquí una colaboración con Proyecto Jirondai. Suena por ahí una colaboración con Guadalupe Urbina.

¿Ha pensado en dedicarse a cantar, más que rapear?

− Tengo un montón de trabajos en la gaveta en los que canto. Pero esos los guardo para cuando sea viejillo y no me luzca rapear (ríe). La nueva propuesta incluye rap, pero con un poco más de movimiento. Es mover siempre neuronas, pero con un poquito de cadera.

Ahora se dedica de lleno a la música. ¿Qué tan difícil la ha visto?

− Viera que desde hace dos años me ha alcanzado para subsistir, pero es muy complicado y muy inestable. Si yo fuera soltero y si no tuviera que pagar todo lo que tengo que pagar… El mes pasado me fue súper bien. Ahora en mayo solo tuve dos chivos. Uno no vive con dos chivos al mes. Es difícil estar en ese vaivén. Estoy pensando en agarrar un brete de noche, como supervisor de seguridad. En el día me dedico a producir el disco.

¿Se siente más tico que cubano?

− Sí. Soy cubano orgulloso y ahí está el hablado en el fondo, que no se quita ni se quitará. De todo lo que pasa bueno en Cuba me alegro, siempre estoy pendiente. Pero ya son tantos años en Costa Rica, un país que me gusta, que me siento parte de él.

¿Cómo quiere Yaco ser recordado?

− Como un mae que hizo con la música lo que le dio la gana y le funcionó.

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