El espejismo de Petrocaribe

Los precios altos de los derivados del petróleo en Costa Rica tienen causas externas, dado el efecto de la volatilidad de los precios internacionales

Los precios altos de los derivados del petróleo en Costa Rica tienen causas externas, dado el efecto de la volatilidad de los precios internacionales del crudo y sus derivados; pero también causas internas, producto de medidas de política energética y ambiental que se han tomado en los últimos 30 años.

En el campo internacional es conocido que nuestras importaciones las hace RECOPE, mediante concursos internacionales, después de la inoperancia del Convenio de San José y de demostrarse que se obtienen mejores precios que en las contrataciones directas con empresas petroleras estatales, que también pueden ofertar en esos concursos, obteniéndose así el precio más competitivo del mercado.

Al comprar por fórmula con referencia al WTI en crudo o al precio de Costa del Golfo de los productos derivados, solo queda un margen estrecho de ventaja en que las empresas petroleras compiten con el denominado “Premium”, una cantidad que se agrega o se resta del precio de referencia, para definir el precio ofertado, que de hecho queda sujeto a la variación internacional de las referencias citadas, o sea, es un precio variable, que se fija en los días cercanos al día del embarque (FOB) o al de desembarque (CIF).

La calidad de los productos comprados se refleja en su precio de referencia, en su disponibilidad y en el volumen por adquirir. Cuanto más sofisticado el producto, requiere más procesos y refinerías más complejas con alta conversión. Cuanto más demanda internacional haya por ese producto, la escasez se refleja inmediatamente en el precio. Demás está afirmar que los conflictos internacionales de los países productores de la OPEP restringen la oferta e influyen en ese precio de referencia. Algunos de estos productos se transportan en grandes tanqueros, y el trasvase a tanqueros más pequeños en grandes terminales influye directamente en el precio del flete hacia nuestro país.

Por otro lado, están las causas internas representadas por decisiones ligadas a la calidad de los derivados que queremos consumir y que se originaron en efectos ambientales nocivos para la salud, producto de la combustión en vehículos y menos en industrias. Todas esas medidas originaron aumentos del precio de referencia, hasta llegar a las calidades actuales, en particular de gasolinas de 91  y 95 octanos, y diesel de 50 ppm de azufre.

Un recuento de cambios para mejorar la calidad de los derivados (Historia de RECOPE), indica en el año 87 la introducción de la gasolina SUPER sin plomo, en el año 95 la gasolina SUPER ECO de alto octanaje, sin plomo y oxigenada, hasta eliminar el plomo en las gasolinas en 1996. En cuanto al diesel, se da la reducción progresiva del contenido de azufre, en el año 97 pasa de 1000 ppm a 500 ppm. En 1998 se inicia la modernización de la refinería, con el objetivo de producir los combustibles que el país requería, en cuanto a la gasolina de alto octanaje sin plomo y diésel de bajo azufre. En el 2002 se decreta la reducción paulatina del azufre en el diesel, hasta lograr en el 2011 bajar a 50 ppm. En el 2001 se toma la decisión negativa de no completar la modernización de la refinería y entonces no se logra producir los derivados que requerimos, sino que deben importarse encareciendo su precio y perdiendo la oportunidad de hacer una inversión cercana  a los $120 millones, para una capacidad instalada de 25mil barriles por día, de una amplia gama de crudos.

Desde hace varios años hay una pretensión de unirse a Petrocaribe; con el pretexto de bajar el precio, no solo de los derivados sino de la electricidad, lo que resulta en enfrentarse a un espejismo, ya que no solo no se podrá tener las calidades de los productos que requerimos, sino que tampoco se dispondrá de los volúmenes de importación necesarios y, más grave aun, habrá atrasos en la llegada de los embarques, produciendo no solo desabastecimiento, sino cambio de calidades y precios para suplir los faltantes no proporcionados por este Convenio, que nos ligaría a un solo proveedor y dejaría por fuera los concursos internacionales como la forma más transparente de obtener las calidades deseadas a los mejores precios ofrecidos. Se pretende ahora iniciar el camino de una deuda petrolera, que aunque sea con condiciones favorables de financiamiento, representa una carga más, no solo económica, sino política, y aunque suene liberal, hará que los costarricense perciban un precio de los combustibles que no es real y el efecto final será un aumento superfluo del consumo. Hay que pensar en otras medidas para bajar el precio, pero la de Petrocaribe no es saludable, ni económicamente ni energéticamente hablando.

 

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