Enseñanza que deja huella

Ciertamente cuando las sociedades antiguas, como la griega, se cuestionaban sobre los oficios más trascendentes, emergía como una constante el sólido reconocimiento a aquellos

Ciertamente cuando las sociedades antiguas, como la griega, se cuestionaban sobre los oficios más trascendentes, emergía como una constante el sólido reconocimiento a aquellos educadores quienes acompañaban y guiaban a sus discípulos en ese vital camino del conocimiento y el aprendizaje. Un camino cargado de enseñanza, pensamiento analítico, sentido de respeto y valoración, donde el maestro era visto como un constructor de conocimiento y vida, el estudiante aprendía a pensar por sí mismo, el aprendizaje era una práctica compartida y la educación poseía un inestimable sitial.

Y es que de entre quienes hemos tenido la oportunidad de acceder a las aulas, sin duda sería muy difícil que no guardáramos una tierna evocación, un consejo a tiempo, una enseñanza de vida, una palabra de aliento, una mirada de esperanza o una orientación esclarecedora de un o una docente.

Cuántas veces de sus voces, sus enseñanzas o sus relatos, la Historia ha cobrado la dimensión de hazaña, el amor a la Patria se ha cultivado en nuestra alma y el descubrimiento de lo que había más allá de nuestra vista se ha abierto en el salón de clases.  Pero también, quienes hemos tenido el inmenso privilegio de enseñar, de forjar no sólo profesionales sino humanos, atesoramos con emoción las imágenes de estudiantes emprendiendo la senda del conocimiento, aprendiendo a desarrollar sus capacidades y a confiar en sí mismos.

Por ello, en todos los espacios de la tierra la labor educativa de los docentes, aunque pocas veces recordada, es una de las más valiosas funciones sociales en el progreso de los pueblos. En este sentido, vale preguntarse, ¿qué tan cierto es aquello de que los buenos docentes hacen los buenos pueblos?

Hoy, definitivamente, los docentes siguen siendo fundamentales en el proceso de aprendizaje de quienes contribuirán al desarrollo pleno de las sociedades, pues cada nueva generación viene a un mundo permeado de conocimientos, donde se siguen necesitando personas quienes se hagan cargo de la perpetuación de la cultura y la continuidad del pensamiento humano.

De ahí que ser docente implique una gran responsabilidad, pues no son solamente transmisores de conocimientos, son, también, formadores. Ellos cumplen un papel en una sociedad, un contexto y un momento histórico singulares. Por eso, también es su obligación ejercer una enseñanza apropiada; es decir, que contribuya, por todos los medios, a forjar un presente y futuro mejores para el país.

Ser profesor no es solamente ponerse al frente de un grupo de estudiantes y enseñar. Significa tener una vocación, un espíritu de servicio, un cabal deseo de compartir sus experiencias y un  firme propósito de formarse en el arte de la enseñanza.

Porque el ejercicio de la docencia es una práctica que se debe aprender y desarrollar continuamente. Ante este contexto, los docentes, como educadores, deben ser formadores en el sentido integral del estudiante. Como académicos, tienen que investigar y actualizarse constantemente. Como profesionales, necesitan ejercer su profesión con competencia y responsabilidad; y, como inspiradores, requieren orientar e inspirar, permanentemente, al alumno.
Ciertamente, es vital que los docentes remocen su sagrado propósito de educar a cabalidad a los estudiantes, esto con el fin de que los estudiantes lleguen a ser ciudadanos bien informados y motivados, quienes puedan pensar de manera crítica, analizar los problemas nacionales e internacionales, encontrar soluciones, llevarlas a cabo y aceptar su responsabilidad social y moral con la Patria.
Por eso hoy, y siempre, el mayor de los reconocimientos a esas educadoras y esos educadores quienes han realmente han sabido construir en las aulas un proyecto democrático, han asomado a los estudiantes al respeto de la Patria, han formado ciudadanos responsables, han alimentado la esperanza en momentos difíciles, han enseñado a discutir y razonar, han impartido su conocimiento con respeto, responsabilidad y pasión, han predicado con el ejemplo y han motivado a soñar y plasmar nuestras ilusiones.

Son esas y esos docentes comprometidos, quienes bien hacen recordar aquella frase expresada por Howard Hendricks que dice: “La enseñanza que deja huella no es, básicamente, la que se hace de cabeza a cabeza, sino aquella que se trasmite de corazón a corazón”.

 

 

 

 

 

 

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