La “deuda política” debe eliminarse

La “deuda política”, ese enorme gasto que nos obligan a pagar para financiar las campañas de los candidatos políticos, proviene de nuestros impuestos. Sumará

La “deuda política”, ese enorme gasto que nos obligan a pagar para financiar las campañas de los candidatos políticos, proviene de nuestros impuestos. Sumará ¢18.148 millones esta vez. Pero ¿cómo puede ser moral que a uno se le obligue a pagar por los gastos de partidos y políticos, si no cree en ninguno de ellos?

Esta “deuda” la recibirán ocho partidos nacionales y uno provincial, que en conjunto obtuvieron la totalidad de los 57 diputados. Como solo un partido nacional logrará que su candidato presidencial gane la segunda ronda (¿el PAC?), podría decirse que los costos de deuda política serían asignables a los diputados obtenidos. Si es así, el promedio del costo para los contribuyentes fue de ¢318 millones por diputado. El más caro fue el único diputado de Restauración Nacional (¢518 millones). Le sigue el partido de Otto Guevara, que recibirá ¢1.830 millones de deuda política; sus 4 diputados, que incluyen al propio Guevara, nos costarán ¢457 millones cada uno.

Pero como la mayor parte de ese gasto tiene que ver con las campañas presidenciales, podría objetarse a que se le asigne el costo a los diputados. Pero yo diría que entonces lo justo también sería incluir todo lo que nos han obligado a pagar por las campañas de los candidatos presidenciales que se  postularon en 2014.

De este modo, la deuda política de 2014 que le tocará al PLN (¢5.260 millones) y al PAC (¢5.138 millones), sería asignable a Johnny Araya y a Luis Guillermo Solís, respectivamente. Pero ellos, que solo se han postulado una vez (en 2014), no serían los más caros. Este “honor” se lo lleva Otto Guevara, que nos habrá costado a todos los costarricenses ¢5.303 millones por sus tantas fracasadas campañas presidenciales. Y este es el mismo político que dice que ahora irá a la Asamblea Legislativa a ¡“defender el bolsillo de los costarricenses”!

Pero el propio partido de Guevara (el Movimiento “Libertario” o ML) ya había demostrado que la deuda política es innecesaria. En 2002, con mucho voluntariado, logró elegir 6 diputados sin recibir ni un cinco de tal “deuda”. Y aunque solo gastó ¢70 millones en esa campaña, hubiera recibido ¢284 millones si hubiera aceptado esa “deuda”. Esto revela lo inflada que está tal “deuda”. Otro ejemplo  lo da Alianza Demócrata Cristiana en 2014: su diputado electo dice que gastó no más de ¢7 millones, pero hubiera recibido ¢110 millones de esa “deuda”.

Guevara repetía a menudo que  la deuda política era inmoral. Por ejemplo, el 16 de junio de 2000: “Como un hecho inmoral que no debe producirse calificó el diputado Otto Guevara, del Partido Movimiento Libertario, el hecho de que todos los costarricenses tengamos que financiar a los partidos políticos y más si no se cree en ninguno de ellos”. O calificaba la deuda política como “despilfarro inmoral y sin controles” (El Financiero, 27 de noviembre-3 de diciembre 2000).

Pero parece que Guevara y  quienes siguieron en el ML no saben que lo moral no es cuestión de moda, que lo que fue inmoral ayer también lo es hoy y lo será mañana. Porque en las elecciones de 2006  aceptaron la  “deuda política”, creyendo que así conseguirían más votos. Pero se equivocaron y perdieron una gran oportunidad para crecer, ya que en esas elecciones el PUSC perdió 14 diputados debido a los escándalos que involucraban a dos expresidentes. Y seis partidos obtuvieron más diputados, pero no el ML, que se quedó en los 6 puestos que había obtenido en 2002, cuando no aceptó la  deuda política. Es más, en 2006 el ML recibió ¢799 millones de esa “deuda”, pero ni llegó al 9,34% de los votos para diputados que obtuvo en 2002. Tampoco en 2014 alcanzó ese porcentaje y más bien solo obtuvo 4 diputados, pero cobrará ¢1.830 millones de tal “deuda”.

Se dice que la deuda política se requiere porque la (¡excesiva!) publicidad, sobre todo en la televisión, es cara. Pero la proporción que gastan los partidos en publicidad ni se acerca a la que gastan dándoles empleos y contratos fáciles a cientos de  partidarios durante muchos meses. Y aunque eso termina pagándose con fondos públicos, no se requieren licitaciones. Es un derroche casi sin control. En cambio, el voluntariado y los gastos bajos costeados con donaciones funcionan.

En resumen, es inmoral obligarlo a uno a subvencionar, mediante impuestos, ideologías que no comparte; y este derroche es innecesario. Por ello, el inmoral despilfarro que es la “deuda política” debe eliminarse.

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