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El filósofo de la caricatura

Esta semana JUL (Julien Berjeaut) viajará de París hacia el ombligo del trópico, hasta esta tierra de clima indeciso. UNIVERSIDAD conversó con él por Skype.

Esta semana JUL (Julien Berjeaut) viajará de París hacia el ombligo del trópico, hasta esta tierra de clima indeciso. Ante tal noticia quisimos ponernos tras los pasos del artista. Nos hubiera encantado degustar con él una copa de vino y, por qué no, probar un croque monsieur en un café parisino. Pero la dictadura del tiempo, el espacio y el dinero siempre nos somete a sus designios. Así que tuvimos que optar por algo menos oneroso, Skype.

En un día soleado de mayo nos encaminamos entonces al barrio Amón, al que llegamos después de atravesar las calles del centro de la capital, que en las mañanas hirvientes son, como diría un célebre peruano, “una olla de grillos”.

Por fin vimos la casa icónica de buhardilla y franqueamos el portón. Una vez ahí, en la Alianza Francesa, con el apoyo logístico de Pierre Mateo, conversamos con JUL (Julien Berjeaut). Este es un resumen de la conversación.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en la ilustración?

A todos los niños les encanta pintar. Curiosamente, cuando los pequeños luego aprenden a escribir muchos de ellos dejan de dibujar. Pero para mí esa pasión por el dibujo nunca desapareció. Es más, cuando tenía ocho años fundé mi primer periódico. ¡Y lo vendía en mi escuela! Tengo la costumbre de decir que yo era como un Rupert Murdoch de ocho años.

¿Cómo se llamaba ese primer periódico?

En Francia hay un semanario satírico que se llama Le Canard Enchainé (en francés, El Pato Encadenado). Así que a mi periódico le puse Le Julien Desenchainé  (El Julián Desencadenado). Desde esa época nunca paré de estar vinculado a los periódicos, ya sea escribiendo o dibujando.

Tengo entendido que sos académico y tenés una carrera como profesor de historia de China. ¿Cómo llegaste ahí?

La historia es la siguiente… Mi madre es originaria de Túnez. Así que en casa mi abuela hablaba el árabe. Mi madre no lo entendía del todo. Pero aún así, mi madre sabía proverbios, expresiones y recetas de cocina. Por eso cuando entré al liceo me interesé muchísimo en aprender árabe porque era parte de la historia de mi familia. Así que después de aprender inglés y alemán, estudié árabe como tercera lengua.

¿Entonces, llegaste al chino a través del árabe?

Lo que pasa es que cuando estaba estudiando árabe, por razones administrativas, porque había una sobrepoblación de estudiantes, me trasladaron del liceo a donde estaba a otro diferente. Y en ese otro liceo no daban árabe, daban hebreo, italiano y chino. Yo la verdad no tenía interés, para nada, pero escogí estudiar chino. ¡Lo que pasa es que mi  profesor era un genio! Así que después de unas semanas el chino se convirtió para mí en toda una pasión.

¿Y cómo diste el salto de ser profesor de historia china a convertirte en uno de los principales caricaturistas de Francia?

El paso fue paulatino. Trabajé dos años como profesor de historia china y al mismo tiempo iba vendiendo mis ilustraciones. Y como a los 23 años, cuando sentí que podía ganar suficiente dinero para poder vivir de mis dibujos, decidí hacer el cambio.

El ser humano es el único animal que ríe. Pero también es el único animal que sabe hacer reír. ¿En qué estrategias te concentrás para provocar la risa?

Es algo instintivo. Hay gente que puede hacer reír y hay gente que no puede. Desde pequeños, en cualquier grupo siempre hay algún bromista, alguien que cuenta chistes. Yo era uno de esos. Y cuando era pequeño me interesaba muchísimo leer libros que tuvieran que ver con el humor. En esa época mis ídolos eran Tex Avery, Monty Python, los hermanos Marx, Gérard Oury y Jacques Weber. Hoy en día pienso que provocar la risa tiene que ver con la inspiración. Todo tema puede ser bueno para provocar la risa pero hay que encontrar un buen enfoque. Es como cuando una persona busca perlas en las ostras. A veces es fácil, a veces es muy difícil.

Para que algo sea cómico, dice Henri Bergson en aquel famoso ensayo La risa, se necesita de una anestesia que duerma al corazón. Porque lo cómico, asegura Bergson, apela directamente a la inteligencia. ¿Cuáles son los temas que más usás como anzuelo para atrapar a tus lectores?

Hay temas que son demasiado fáciles, por ejemplo, el sexo y la escatología. Desde Rabelais se han explorado mucho los temas del cuerpo. Pero para mí esos temas son muy fáciles. A mí me interesan otros temas, más difíciles, como la filosofía. Me gusta mucho lo que tiene que ver con los conceptos o el intelecto. Trato de usar temas que tengan que ver con la literatura y la historia. De hecho, dentro de la comunidad de ilustradores y caricaturistas de Francia, a mí se me ve como un poquito intelectual. También tengo que decir mis dibujos no son muy gráficos. Mi humor tiene más que ver con las palabras, con lo que digo y con el lenguaje que uso. Desde hace años trabajo el tema de la historia de la filosofía. De hecho uno de mis libros se titula El planeta de los sabios. Ese libro es una enciclopedia humorística de filosofía. Es difícil hacer reír con Wittgenstein o Schopenhauer…

En tu trabajo, entonces, hay una combinación de filosofía con cultura de masas…

Curiosamente tengo un público muy amplio de lectores. No es un público meramente de élite. Y para mí es muy importante usar a autores como Henri Bergson o Emanuel Kant, por ejemplo, y que ese público amplio conozca a esos pensadores.

La risa es comúnmente un acto de grupo, un fenómeno que envuelve ecos. Pero en el caso de la caricatura la risa es tremendamente individual. Es el lector solitario frente a la caricatura. ¿Cómo hacer que el lector se sienta cómplice del caricaturista, cómplice de la irreverencia y parte del grupo que ríe?

En mis dibujos hay muchas referencias. Y las referencias son algo que hacen comunidad. Si alguien entiende un dibujo y se ríe sabe que hay otras personas que también entienden. Esa persona que se ríe sabe que hay una referencia a la política y la historia, que hay un bloque común de conocimiento y de saber. Esto es algo muy humano, poder compartir con un público invisible una referencia cuando uno está solo frente a una pantalla o a un periódico.

¿En tu experiencia como ilustrador, creés que la libertad de expresión debe tener fronteras? ¿Y, en ese caso, dónde deberían estar?

He estudiado mucho de antropología y he viajado bastante. Y la verdad es que no lo tengo del todo claro. No podemos esperar que todas las personas en el mundo piensen de la misma forma, tengan la misma visión. Con la globalización hay muchos problemas para la libertad de expresión porque cada nación, o cada comunidad dentro de una nación, tiene sus propios valores, creencias y dogmas de todo tipo. Para mí lo importante es el contexto. No creo que culturalmente el humor sea el mismo alrededor del mundo. Creo que eso es un error.

¿Hay temas que preferís evitar?

No, no evito ninguno. Eso sí, antes de hacer una ilustración siempre pienso en el contexto y en la gente que va a ver la caricatura. Es entonces cuando tomo decisiones. Siempre me gusta ir a temas difíciles pero los trabajo de manera indirecta. Mi humor puede ser intenso y satírico pero es indirecto. No es una estrategia. Es que es mi naturaleza, es mi tipo de humor. Y esto no lo hago solo con temas como Israel y Palestina, la pedofilia o religión, que son temas muy sensibles. Es en todo lo que hago. Siempre toco todo tipo de temas pero a mi manera. Así que tengo esta suerte, poder tocar muchos temas sin ofender a mucha gente. En todo caso, habría que ser muy mal pensado para que uno de mis dibujos ofendiera a alguien. Como se decía en el siglo XVIII, “el mal está más en el ojo del que mira”.

¿Cómo ves que ha sido manejado el tema de la revista Charlie Hebdo?

En primer lugar no veo que sea acertado que este asunto haya sido utilizado por personas en beneficio de sus propios partidos políticos. Charlie Hebdo se ha usado de manera partidaria. Y en esto ha faltado mucha objetividad. Curiosamente, cuando se fundó Charlie Hebdo, hace cuarenta años, el objetivo era “hacer oír una música diferente”. No tenía como objetivo ser un periódico mundial. La idea original era ser un periódico marginal, no mundial. El hecho de que una figura como Arnold Schwarzenegger nombre a Charlie Hebdo es algo totalmente paradójico.

JUL en la UCR

El ilustrador y caricaturista visitará este viernes  la Universidad de Costa Rica, donde participará de una mesa redonda organizada por la Cátedra Wilhem y Alexander von Humboldt, el Centro de Investigación en Comunicación (Cicom) y el área de Periodismo de la Escuela de Comunicación.

MESA REDONDA: “¿Qué es para mí la libertad de expresión?”

Participan:

JUL. Caricaturista e ilustrador francés.
Miguel Casafont. Artista, escritor y chef.
Álvaro Murillo. Periodista de La Nación.
Mecho. Caricaturista de CRHoy.

Viernes 15 de mayo

Hora: 2 p.m.

Lugar: Auditorio Cisco de la Universidad de Costa Rica (Viniendo de la Biblioteca Carlos Monge entrar a la Calle de la Amargura y comenzar a caminar sobre esa calle. Al llegar a la primera esquina, donde está la Soda la U, doblar a la derecha y después doblar en la primera izquierda. Ahí, a mano derecha, está el Cicap. El auditorio de Cisco está en el primer piso).
Para asistir es necesario confirmar asistencia al correo electrónico [email protected] con su nombre completo y número de identificación.

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