Vandana Shiva: “El gobierno costarricense está subsidiando el genocidio de su propia gente”

Vandana Shiva, filósofa, física y activista visitó el país para levantar la bandera de la “libertad de las semillas”. (Foto: Katya Alvarado)BAJADA: La activista

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Vandana Shiva, filósofa, física y activista visitó el país para levantar la bandera de la “libertad de las semillas”. (Foto: Katya Alvarado)

BAJADA: La activista hindú visitó el país para unirse a la campaña en favor de la moratoria a los transgénicos.

Sus vistosas ropas tradicionales y su voz enérgica evidencian la fuerza de su carácter. Su mirada tranquila y alegre contagia esperanza.

Vandana Shiva es una de las principales líderes antitransgénicos en el ámbito mundial y, a pesar de que los enemigos que enfrenta son las grandes corporaciones del mercado alimenticio, se confiesa esperanzada y cree que es factible la construcción de un paraíso terrenal.

La física, filósofa y ecofeminista hindú visitó el país la semana pasada, para participar en las actividades de la campaña en favor de la moratoria a los transgénicos.

Sentada frente a una mesa adornada por frutas y vegetales producidos por agricultores orgánicos costarricenses, Shiva compartió con UNIVERSIDAD sus opiniones en torno a los cultivos transgénicos y su impacto en la soberanía alimentaria, el medio ambiente y los derechos humanos, especialmente de las mujeres.

En medio de la conversación, que se resume líneas abajo, la activista manifestó su sorpresa y desaprobación a que en Costa Rica se subsidie a la producción bananera y piñera, pues afirmó que ese subsidio representa financiar el genocidio de los propios costarricenses.

 

¿Son todos los transgénicos peligrosos? ¿Existen niveles “aceptables” de manipulación genética?

−Las semillas transgénicas son creadas al introducir en ellas un gen que no les corresponde y para producirlas solo existen dos procesos. El primero inserta un gen bacteriano que produce una toxina, que sirve de pesticida, de modo que la planta  lo produce constantemente. A esto se le llaman ‘cultivos Bt’. Los otros son los cultivos resistentes a herbicidas, semillas a las que se les agrega un gen tóxico que permite que la planta sobreviva a la fumigación.

Hasta ahora no existen otros mecanismos fuera de estos para producir alimentos genéticamente modificados y por eso, todo transgénico es peligroso.

 

¿Han contribuido los Tratados de Libre Comercio (TLC) y los Programas de Ajuste Estructural (PAE) a impulsar el uso de pesticidas y semillas transgénicas en países como el nuestro?

−La razón por la que yo trabajo en esto es porque en 1987 estuve en una reunión con corporaciones y hablaron de introducir transgénicos, de patentarlos y de la forma en que iban a imponer leyes en todos los países.

En 1995, cuando se estableció la OMC, un representante de Monsanto dijo que “se había hecho algo sin precedentes, que ellos habían sido el paciente, el diagnóstico y el médico, todo a la vez”. Pero la enfermedad que dijo que el mundo padecía, era que los agricultores guardaban semilla. Entonces pasaron una ley a través de la OMC que permite la criminalización de esta práctica. Pero si los países se resisten, podemos resistir.

Monsanto claramente usa los TLC y PAE para impulsar el uso de transgénicos. El libre comercio es la herramienta favorita de estas corporaciones y como los ciudadanos han usado la democracia para defenderse −como en Costa Rica en Europa o en India−, ahora están impulsando una nueva generación de acuerdos de libre comercio: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) y el acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos.

En el centro de estos dos tratados están los transgénicos y las patentes de semillas; eso es lo que buscan. Lo que quieren es controlar las semillas e impulsar el uso de transgénicos. No para calmar el hambre del mundo, sino por una razón que confesaron en esa reunión de 1987: usan transgénicos para poder cobrar royalties (pago por uso de productos patentados). Todo se trata de extorsión a través de las patentes y el cobro de royalties.

 

¿Por qué el ecofeminismo? ¿Por qué luchar desde las mujeres?

−Porque cuando llegan los químicos, las mujeres son las más afectadas. Su conocimiento y sus habilidades son negadas. Cuando llega el monocultivo del banano, se olvida  que las mujeres no sólo saben sembrar banano, sino cientos de cultivos más. Esa es la primera violencia.

La segunda es que al dejar de reconocer a las mujeres, se les empuja fuera del sistema productivo. Las mujeres hoy no son vistas como piezas importantes de la economía, sino como parásitos, y entonces vienen otros tipos de violencia contra las mujeres.

La agroecología y la agricultura respetuosa de la biodiversidad tienen que ver con el respeto a la Madre Tierra, a nuestras madres, a nuestras hermanas; se trata de establecer relaciones llenas de amor y respeto con cada ser vivo.

 

Costa Rica es uno de los países que más usa pesticidas y en años anteriores se aprobó el Convenio UPOV 91, que abre la puerta a patentizar semillas y a la criminalización del uso de semillas tradicionales. En ese escenario, ¿es posible luchar contra Monsanto y sus transgénicos?

−Primero hay que dejar claro que casi todos esos pesticidas se están utilizando en la piñera y la bananera; no lo usan los pequeños agricultores, ni las mujeres que siembran su propia comida.

Hay dos sistemas compitiendo y enfrentándose en Costa Rica: las grandes plantaciones llenas de pesticidas dirigiéndose hacia la producción transgénica con más y más pesticidas, y del otro lado están la mayor parte de los agricultores costarricenses, que producen con agroecología, respetando la biodiversidad, sembrando sin necesidad de químicos y produciendo más comida.

En India he realizado investigación científica que demuestra que las parcelas que se desarrollan en armonía con la biodiversidad producen más comida.

 

¿Es realista pensar en alimentar a 7.000 millones de personas sólo con agricultura orgánica?

−Podemos alimentar a 7.000 millones; es más, podemos alimentar a 14.000 millones de personas.

En una de las investigaciones que realizamos en mi país, calculamos todo lo que se cultiva orgánicamente y luego lo convertimos a términos nutricionales. Y de acuerdo con los números, lo que se produce hoy a través de la biodiversidad, podría hoy alimentar dos Indias.

La organización de Naciones Unidas ha reconocido que el 72% de la comida del mundo proviene de pequeñas granjas, y podríamos llegar al 100% a través de un compromiso con la agroecología.

 

En nuestro país, los productos orgánicos son más costosos. ¿Cómo aumentar la producción e incentivar el consumo, si implica pagar más?

−Para el productor la agroecología o la agricultura orgánica son más baratas, especialmente en pequeñas granjas. Siempre uso el ejemplo de los algodoneros en India, que usaban semillas modificadas, pagaban royalties y luego se suicidaban porque no podían más. El pago de royalties y el costo de los químicos, encarecen la producción.

Por otro lado, la razón por la que consumir orgánico es más caro, es por todo el esfuerzo individual que le toma al agricultor el proceso de cultivar, cosechar y traer esos productos a un mercado o una feria, ya que lo hace todo.

La forma de solucionar esto es tomar una decisión sobre cómo invertir los recursos públicos. Es hora de decir: tenemos fondos públicos y los vamos a dedicar a promover la comida orgánica, fortalecer los vínculos entre los productores y los consumidores orgánicos, porque si todos los comedores escolares compraran producto orgánico, este no sería tan caro. Me contaban en estos días que los subsidios más grandes del país van a las plantaciones de piña y banano, en vez de a los agricultores orgánicos costarricenses. ¡Eso sí que es un desperdicio de dinero! ¡El gobierno costarricense está subsidiando el genocidio de su propia gente!

 

Su lucha es contra las corporaciones y su agenda. ¿Cree que hay esperanza?

−Es que tenemos que tener esperanza, porque si no el suicidio de especie que estamos cometiendo se aceleraría. En 10, 20 o 30 años acabaríamos con los sistemas que sostienen la vida de nuestra especie y moriríamos.

Podemos tener un rol para evitar la extinción, podemos movernos y cambiar el sistema por uno en el que podamos celebrar la vida, en el que nadie tenga hambre, ni esté desempleado, donde las mujeres estén seguras y los niños felices, y ese es el paraíso que nos comprometemos a crear en la Tierra.

Mientras ese sueño esté ahí y haya alguien trabajando por ese sueño, la posibilidad de que tengamos un paraíso en vez de un infierno tóxico, existe. Claro que hay esperanza. 

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